🔬 5 300 años después de su muerte, esta momia revela microbios aún vivos

Publicado por Cédric,
Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: Microbiome
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Un cadáver de 5 300 años, conservado en el hielo, sigue albergando microorganismos vivos. Este es el inquietante descubrimiento que unos investigadores acaban de hacer sobre Ötzi, esta momia natural descubierta en 1991 en los Alpes italianos. El equipo analizó muestras tomadas del cuerpo, del interior del mismo, así como de la cámara frigorífica donde se almacena.

El objetivo era simple: distinguir los microbios que vivían en el intestino de Ötzi en vida de aquellos que se instalaron después de su muerte, ya sea en el glaciar o en el museo. Para ello, los científicos compararon el ADN antiguo muy degradado con el de microbios más recientes. Un trabajo de precisión que ofrece una instantánea inédita del mundo invisible que acompaña a esta momia.


Ötzi fue descubierto en los Alpes, a 3 210 metros de altitud.


Un ecosistema microbiano de cinco milenios


Los investigadores encontraron bacterias intestinales originales, cercanas a las de las primeras poblaciones humanas. Estas cepas son hoy muy raras entre los habitantes de los países industrializados. Ötzi constituye, por tanto, una visión única de nuestro pasado microbiano, antes de los cambios relacionados con la alimentación moderna y los antibióticos.

De manera inesperada, se aislaron levaduras adaptadas al frío en la piel, en el agua de deshielo interna y en el estómago. Su ADN presenta similitudes con el de cepas encontradas en la Antártida. Estos hongos microscópicos son, por lo tanto, probablemente originarios del entorno glaciar donde se encontró a Ötzi.

Algunos de estos microbios podrían incluso estar todavía activos. Los genetistas observaron tanto ADN muy degradado como ADN bien conservado. Esto indica que estas levaduras no son simples vestigios del pasado: continúan existiendo, quizás en estado latente, bajo la temperatura de −6 °C y la alta humedad de la cámara de conservación.


El microbiólogo Mohamed Sarhan examina colonias de levaduras tomadas de una muestra del estómago de Ötzi.
Créditos: Eurac Research | Andrea De Giovanni


Levaduras que plantean interrogantes para la conservación


Tres de las cuatro levaduras identificadas poseen un gen que les permite descomponer el fenol. Este compuesto fue utilizado justo después del descubrimiento de Ötzi para matar hongos en la superficie de la momia. Las levaduras podrían haber utilizado esta sustancia como fuente de alimento, lo que plantea interrogantes sobre los métodos de conservación pasados.

Hoy en día, las condiciones son muy estables, con una estricta vigilancia microbiológica. La momia no muestra ningún signo de degradación. Pero este estudio, publicado en la revista Microbiome, muestra que existe un delicado equilibrio entre la preservación y la actividad microbiana. Los científicos piden continuar las investigaciones para proteger a Ötzi para las generaciones futuras.

Más allá de la momia, estos microorganismos adaptados al frío podrían encontrar aplicaciones industriales, por ejemplo en procesos de fermentación a baja temperatura, que consumen menos energía. Una vía que los investigadores planean explorar.

Para profundizar: ¿cómo se sabe que un microbio es antiguo?


El ADN es una molécula frágil. Con el tiempo, se fragmenta por efecto del agua, las radiaciones o las variaciones de temperatura. Cuanto más viejo es un microbio, más cortas y cortadas en pedazos pequeños son sus hebras genéticas. Los científicos miden esta longitud para estimar la edad relativa de una muestra.

Además de la fragmentación, algunas bases químicas se transforman espontáneamente. Por ejemplo, la citosina se convierte a menudo en uracilo, una modificación rara en organismos vivos pero frecuente en el ADN antiguo. Al detectar estos cambios específicos, los investigadores pueden distinguir un microbio de varios milenios de una contaminación reciente.

Estas técnicas se aplicaron a las levaduras de Ötzi. Los investigadores observaron ADN muy corto y firmas de degradación típicas, demostrando que estos microbios acompañaban a la momia desde hace miles de años. En paralelo, la presencia de ADN intacto en las mismas muestras sugiere que algunas células han permanecido viables hasta hoy.

¿Puede realmente una levadura permanecer viva 5 000 años?


Sí, siempre que entre en un estado de latencia profunda. Ante el frío, la falta de nutrientes o la desecación, algunas levaduras ralentizan su metabolismo hasta casi detenerlo por completo. Ya no se dividen, no consumen energía, pero conservan su integridad celular. Este estado, llamado criptobiosis, permite una supervivencia extremadamente larga.

En las muestras tomadas de Ötzi, los investigadores lograron cultivar levaduras en laboratorio. Esto significa que estas células, que permanecieron 5 300 años en la momia, aún eran capaces de despertarse y multiplicarse una vez colocadas en condiciones favorables. La prueba es contundente: su viabilidad no se ha perdido por completo.

El frío constante del glaciar, y luego de la cámara de conservación a −6 °C, ha actuado como preservador. Las levaduras adaptadas a bajas temperaturas poseen proteínas anticongelantes que impiden la formación de cristales en el interior de sus células. Así protegidas, pueden esperar milenios, acechando el retorno de un entorno más clemente.
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