En Alaska, una región sin ningún volcán aparente podría esconder bajo su superficie un fenómeno geológico sorprendente. Investigadores han recientemente destacado la existencia potencial de un reservorio de magma a unos 11 kilómetros bajo el suelo, un hallazgo que cuestiona el conocimiento previo sobre el área conocida como "brecha volcánica de Denali".
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El Denali, el pico más alto de América del Norte y anteriormente llamado monte McKinley, se sitúa a unos cientos de kilómetros por encima de una de las zonas de falla más activas de los Estados Unidos. Rodeada por volcanes al este y al oeste, esta área hasta ahora no había revelado ningún indicio clásico de actividad volcánica, como rocas fundidas o fuentes termales en su superficie. Este hecho había llevado a que esta región fuese apodada como "brecha volcánica de Denali".
La revelación de este reservorio de magma es el resultado del trabajo de un equipo estudiando la actividad sísmica local. Este descubrimiento, publicado en diciembre de 2023 en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth, ocurrió después de la instalación de cientos de sismómetros tras un terremoto de magnitud 7.1 en Anchorage en noviembre de 2018. Los instrumentos, desplegados cerca de la falla de Denali, lograron capturar los movimientos del suelo provocados por sismos locales y distantes, ofreciendo así una nueva perspectiva sobre la corteza terrestre y el manto superior de la zona de subducción de Alaska.
Durante el análisis de estos datos, los investigadores identificaron una "anomalía de velocidad sísmica", lo que significa una desaceleración de las ondas sísmicas, indicador probable de la presencia de un reservorio de magma lentamente móvil. Esta zona se encuentra bajo dos yacimientos volcánicos inusuales, Buzzard Creek Maars y Jumbo Dome, y por encima del punto donde la placa en subducción se hunde en el manto.
Aunque la cantidad de magma y el tamaño de los volcanes de esta región son considerablemente más pequeños que los observados en los arcos volcánicos activos, este hallazgo plantea nuevas preguntas sobre la composición y actividad geológica de la zona. Para obtener una imagen más clara de esta anomalía, y potencialmente confirmar la presencia de magma, será necesario instalar instrumentos de monitoreo sísmico directamente sobre esta área, un reto significativo dada la difícil geografía del interior de Alaska.