Los fuegos artificiales son espectaculares, pero tienen un grave costo ecológico y de salud pública. Los residuos de explosiones y los humos modifican la química del agua, degradan el aire y liberan sustancias persistentes. Varios estudios recientes detallan estos efectos.
Los restos de petardos, una vez apagados, no son inofensivos. Un estudio de laboratorio publicado en Environmental Science & Technology muestra que estos residuos, cuando terminan en lagos o ríos, alteran la química del agua. Liberan iones metálicos, como potasio y manganeso, así como materia orgánica disuelta. Al mismo tiempo, los sólidos restantes absorben otras sustancias ya presentes, perturbando el equilibrio de los ecosistemas acuáticos.
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Durante las grandes concentraciones, la contaminación del aire es real. Investigadores, en ACS ES&T Air, monitorearon las partículas finas durante un evento deportivo de varios días en el Reino Unido: observaron picos claros de partículas gruesas y finas. La cocina de los vendedores ambulantes y el polvo levantado por los vehículos contribuían en gran medida, pero las ceremonias de apertura y clausura añadían un aumento adicional de contaminantes. Las personas presentes cada día superaban los umbrales recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Más allá del humo visible, los fuegos artificiales emiten aminas, compuestos que reaccionan en el aire para formar aerosoles. Un estudio chino publicado en Environmental Science & Technology Letters midió estas sustancias durante el Año Nuevo lunar. Las concentraciones de aminas aumentaban fuertemente durante los mayores espectáculos pirotécnicos. Otros contaminantes, como los sulfatos y los iones de potasio, también se elevaban.
Las consecuencias para la salud humana son preocupantes. Las partículas finas, especialmente las emitidas por los fuegos artificiales, penetran profundamente en los pulmones. Los estudios indican que la exposición durante eventos importantes puede superar los límites establecidos para proteger a la población. A largo plazo, episodios repetidos podrían agravar problemas respiratorios o cardiovasculares.
A corto plazo, recoger los restos de petardos después de su uso limitaría la contaminación del agua. De manera más sostenible, utilizar formulaciones menos contaminantes y reducir la duración de los espectáculos mejoraría la calidad del aire.