🌙 La Luna estaría continuamente alimentada de agua por... ¿el Sol?

Publicado por Adrien,
Fuente: Nature Astronomy
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El agua helada en el polo sur de la Luna, atrapada en cráteres en sombra permanente, no sería el vestigio de uno o varios impactos de cometas. Más bien resultaría de una lenta acumulación a lo largo de miles de millones de años.

Además, estas zonas de sombra eterna no lo son realmente: la inclinación de la Luna ha cambiado con el tiempo, sumergiendo los cráteres alternativamente en la luz y la sombra.



Las trampas frías lunares


Estos cráteres son depresiones en cuyo fondo el Sol supuestamente "nunca" brilla. En ausencia de luz, la temperatura se mantiene por debajo de -200 °C, lo que permite que el hielo de agua sobreviva durante miles de millones de años sin sublimarse. Estas zonas se llaman trampas frías.

Su ubicación evoluciona con la oblicuidad de la Luna, es decir, la inclinación de su eje de rotación. Con el tiempo, esta inclinación oscila entre 18° y 28°, modificando el ángulo de iluminación solar. Un cráter hoy sombreado no lo estaba necesariamente hace 3 mil millones de años, y viceversa.

Los investigadores calcularon qué cráteres habían permanecido a la sombra durante más tiempo. Son precisamente aquellos que contienen más hielo. Esta correlación indica que el agua se acumula progresivamente, un poco como nieve en un hueco, en lugar de llegar de una sola vez.


El cráter Shackleton está situado en el polo sur de la Luna.
NASA/Ernie Wright


El papel del viento solar en la formación de agua


El viento solar es un flujo continuo de partículas cargadas, principalmente protones (núcleos de hidrógeno), emitido por el Sol. Cuando estos protones golpean la superficie lunar, pueden combinarse con oxígeno presente en los minerales del suelo para formar moléculas de agua.

Esta agua recién formada puede luego acumularse en las trampas frías donde se conserva en forma de hielo. Sin embargo, este proceso requiere que haya oxígeno disponible. Y una parte del oxígeno podría provenir de la atmósfera terrestre, que se escapa lentamente al espacio, especialmente por efecto del Sol, y alcanza la Luna.

El viento solar es, por tanto, una fuente continua de hidrógeno, mientras que el oxígeno puede venir de la Tierra o de las propias rocas lunares. Esta combinación explicaría la llegada progresiva del agua, sin necesidad de un aporte repentino.
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