¿Podrían los medicamentos para la diabetes tener una influencia más allá de la simple regulación del azúcar en sangre? Esta pregunta gana terreno en los laboratorios, donde se cuestiona si estos tratamientos también son capaces de influir en el desarrollo del cáncer a través de vías biológicas poco conocidas.
Ya se reconoce un vínculo entre la diabetes tipo 2 y un riesgo más elevado de ciertos cánceres, como los de hígado o colon. Sin embargo, las explicaciones habituales, como el exceso de azúcar en la sangre o el sobrepeso, no parecen suficientes. Esta observación ha orientado las investigaciones hacia una pista original: ¿podrían las moléculas recetadas contra la diabetes desempeñar un papel directo en la biología de los tumores?
Un análisis publicado el 10 de diciembre de 2025 en la revista Clinical Precision Medicine examina esta hipótesis. Este trabajo revisa varias clases de medicamentos, incluyendo la metformina, los inhibidores de SGLT2 y los agonistas de los receptores GLP-1. Revela que estos tratamientos son susceptibles de modificar procesos fundamentales para los cánceres. Sus acciones podrían afectar a la velocidad de multiplicación de las células, a la regulación de la inflamación o incluso a la respuesta del sistema inmunitario.
Tomemos el ejemplo de la metformina, un medicamento muy extendido. Esta parece interactuar con varias vías de señalización importantes para el crecimiento tumoral. Otras moléculas, como los inhibidores de SGLT2, también muestran un potencial para ralentizar la proliferación celular o atenuar la inflamación. Cabe señalar, sin embargo, que estos efectos no son sistemáticos. Dependen, en realidad, del tipo de cáncer en cuestión o de la molécula específica empleada.
Esta heterogeneidad pone de manifiesto la necesidad de continuar las investigaciones. Como sugiere el Dr. Linong Ji, coautor del análisis, si estos medicamentos siguen siendo indispensables para controlar la diabetes, sus efectos a mayor escala sobre el cáncer aún no están completamente dilucidados. Los datos disponibles a veces resultan contradictorios y exigen ser consolidados por trabajos complementarios.
Una comprensión precisa de estos mecanismos podría ofrecer perspectivas prometedoras. A largo plazo, podría permitir afinar las estrategias terapéuticas para los pacientes que se enfrentan tanto a la diabetes como al cáncer. También podría promover enfoques de prevención, en particular para las poblaciones con alto riesgo de sufrir estas dos patologías.
Infografía que ilustra el vínculo entre la diabetes tipo 2 y el riesgo aumentado (flecha hacia arriba) o reducido (flecha hacia abajo) para ciertos cánceres específicos. Crédito: Precision Clinical Medicine
Las investigaciones en curso trazan así el camino para futuros ensayos clínicos. Su objetivo será evaluar si ciertos medicamentos existentes podrían optimizarse o utilizarse como complemento de las terapias anticáncer convencionales.
¿Cómo puede un medicamento actuar sobre varias enfermedades?
Los medicamentos a menudo se diseñan para actuar sobre una vía biológica precisa relacionada con una enfermedad. Sin embargo, el organismo funciona como una red interconectada. Una molécula que actúa sobre un receptor o una enzima particular puede, por tanto, tener repercusiones en otros procesos, a veces alejados de su efecto principal. Esto es lo que se conoce como efectos pleiotrópicos.
Estos efectos múltiples pueden explicar por qué un tratamiento contra la diabetes, como la metformina, podría también influir en el cáncer. Al modificar el metabolismo celular o el entorno en el que se desarrolla un tumor, el medicamento crea condiciones menos favorables para su crecimiento. No ataca directamente a las células cancerosas, sino que cambia el terreno.
Este enfoque abre posibilidades para la reutilización de medicamentos existentes. En lugar de desarrollar una nueva molécula desde cero, los científicos exploran si un tratamiento ya aprobado y bien conocido para una indicación podría ser beneficioso para otra. Esto puede acelerar la investigación y ofrecer nuevas opciones terapéuticas más rápidamente.
No obstante, esta estrategia requiere una validación rigurosa. Los efectos observados en el laboratorio o en ciertos estudios deben confirmarse mediante ensayos clínicos diseñados específicamente para evaluar la eficacia y la seguridad en el nuevo contexto de la enfermedad objetivo.