El estudio indica que reemplazar solo el 10 % de las calorÃas de alimentos ultraprocesados por alimentos poco procesados, como frutas o verduras, podrÃa estar relacionado con puntajes conductuales más favorables. Incluso modestos ajustes en la alimentación podrÃan permitir un desarrollo emocional más saludable.
La investigadora principal, Kozeta Miliku, ella misma madre de un niño pequeño, constató cuán omnipresentes son los alimentos ultraprocesados en la alimentación de los niños pequeños, a veces incluso en entornos percibidos como saludables. Destaca que los padres hacen todo lo posible, pero que estos alimentos son prácticos, asequibles y de fácil acceso.
El estudio no prueba una relación de causa y efecto, pero se suma a un número creciente de investigaciones que vinculan la alimentación ultraprocesada con problemas de salud mental. Los autores esperan que estos datos ayuden a implementar intervenciones tempranas, como consejos para padres o normas nutricionales para las guarderÃas.
Estos alimentos sufren múltiples procesos industriales que modifican su estructura original. Suelen contener grasas hidrogenadas, jarabes de glucosa-fructosa y aislados de proteÃnas. Su objetivo es ser sabrosos, económicos y de larga duración.