🧬 Un parásito desgarra sus propias instrucciones genéticas para permanecer invisible

Publicado por Adrien,
Fuente: Nature Microbiology
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Para escapar a las defensas de nuestro cuerpo, el parásito responsable de la enfermedad del sueño recurre a un método particular. Modifica sus propias instrucciones genéticas en el momento mismo en que se producen, como si borrara deliberadamente algunas partes del manual de ensamblaje. Este truco permite al microorganismo permanecer invisible en el torrente sanguíneo, donde puede prosperar y causar daños considerables.

Los investigadores han identificado una proteína llamada ESB2 que actúa dentro de la fábrica de proteínas del parásito. Esta proteína corta con gran precisión los mensajes genéticos vinculados a genes auxiliares, mientras deja intactos aquellos que codifican para el camuflaje principal. Así, el parásito produce en gran cantidad las proteínas de su capa protectora, mientras limita la fabricación de otros componentes.


Imagen de ilustración Pixabay

Estos trabajos aportan una respuesta a una interrogante que duraba desde hace varias décadas en el campo de la biología parasitaria. Los científicos se asombraban de la asimetría observada en la producción de las diferentes proteínas necesarias para la supervivencia del parásito. Gracias a este estudio, ahora comprenden que el desequilibrio es intencional y gestionado por ESB2.

El parásito Trypanosoma brucei es transmitido por la mosca tsetsé y provoca la enfermedad del sueño en el África subsahariana. Sin tratamiento, invade el sistema nervioso central, provocando trastornos del sueño, confusión y pudiendo conducir al coma. Comprender precisamente cómo manipula su expresión genética abre pistas para concebir nuevos enfoques terapéuticos. Apuntar a este proceso de corte molecular podría debilitar la capacidad del parásito para ocultarse.

Este avance es significativo para la investigación sobre enfermedades infecciosas. Muestra que la supervivencia de ciertos organismos puede basarse en mecanismos de destrucción dirigida de sus propias instrucciones.

Estos trabajos son fruto de una colaboración internacional que reúne a equipos del Reino Unido, Portugal, Países Bajos, Alemania, Singapur y Brasil. El laboratorio de la Universidad de York, dirigido por la investigadora principal, ha jugado un papel central.
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