🧠 ¿Pierde las palabras? ¡Es completamente normal!

Publicado por Adrien,
Fuente: The Conversation bajo licencia Creative Commons
Otros Idiomas: FR, EN, DE, PT
Por Monica Baciu, Profesora de Neurociencias Cognitivas, Universidad Grenoble Alpes (UGA) y Clément Guichet, Investigador postdoctoral, Universidad Grenoble Alpes (UGA)

"¿Cómo se llama esto?" La palabra está ahí. La sentimos a nuestro alcance, casi accesible, "en la punta de la lengua", pero imposible de pronunciar de inmediato. Entonces damos rodeos, reformulamos, esperamos unos segundos. Luego, a menudo, la palabra vuelve. Este fenómeno, muy común a partir de la mediana edad, generalmente se percibe como una señal inquietante del envejecimiento. Sin embargo, nuestras investigaciones en neurociencias cognitivas cuentan una historia mucho más matizada y, sobre todo, mucho menos pesimista.

Desde hace varios años, nuestros trabajos estudian la manera en que el cerebro envejece y reorganiza sus funciones del lenguaje. Los resultados obtenidos desde 2021 muestran que las dificultades para encontrar las palabras no traducen necesariamente un declive global de la memoria o de la inteligencia. Reflejan sobre todo una transformación progresiva de las estrategias que utiliza el cerebro para acceder al lenguaje.


Imagen de ilustración Pexels

Contrariamente a las ideas recibidas, las palabras no desaparecen de nuestra memoria con la edad. Los conocimientos se mantienen en general muy sólidos, y el vocabulario incluso suele seguir enriqueciéndose gracias a la experiencia acumulada a lo largo de los años. Lo que cambia más es la rapidez con la que el cerebro accede a esos conocimientos.

Hablar es una acción sumamente sofisticada


Para comprender este fenómeno, hay que recordar que hablar es una operación sumamente sofisticada. Cuando producimos una palabra, el cerebro debe primero activar su significado, por ejemplo la idea de un objeto, de una persona o de una acción, luego recuperar su forma sonora antes de preparar su articulación.

En nuestros trabajos recientes sobre el envejecimiento del lenguaje, distinguimos especialmente dos dimensiones esenciales. La primera es la dimensión semántica, es decir, el significado de las palabras, los conocimientos y las asociaciones construidas por la experiencia. La segunda es la dimensión fonológica, que corresponde a los sonidos que permiten pronunciar las palabras. Por ejemplo, cuando usted pronuncia la palabra "gato", primero recupera su representación mental en la memoria, luego transforma esa representación en una serie de sonidos que hacen posible su articulación.

Con la edad, los sistemas relacionados con el significado se mantienen particularmente robustos. En cambio, el acceso a la forma sonora exacta de las palabras se vuelve a veces menos fluido, porque es más vulnerable a los efectos de la edad. En suma, el cerebro sí encuentra la idea de la palabra, pero su recuperación fonológica requiere una movilización mayor de los recursos cognitivos. Esto es precisamente lo que produce la impresión de la "palabra en la punta de la lengua".

Nuevas estrategias


Nuestras investigaciones realizadas desde 2021 muestran, sin embargo, que el cerebro no sufre pasivamente estos cambios. Al contrario, desarrolla nuevas estrategias de adaptación.

A medida que los tratamientos rápidos basados en los sonidos de las palabras se vuelven menos eficaces, el cerebro se apoya más en los conocimientos semánticos, el contexto y la experiencia acumulada. Los mecanismos fonológicos y semánticos no son mutuamente excluyentes y continúan funcionando en interacción. No obstante, las modificaciones cerebrales asociadas al envejecimiento sano parecen aumentar progresivamente la contribución de los sistemas semánticos, que participan entonces en la compensación de las fragilidades fonológicas.

Dicho de otro modo, cuando el acceso directo a una palabra se vuelve más difícil, el cerebro compensa movilizando más el significado y las asociaciones de ideas. Esta reorganización se acompaña también de una implicación más importante de los sistemas relacionados con la atención y los órganos de los sentidos, que ayudan a seleccionar la información pertinente.

Nuestros trabajos más recientes muestran que estas adaptaciones no conciernen únicamente al lenguaje en sí mismo. Reflejan una reorganización más interactiva del funcionamiento cerebral durante el envejecimiento, que impacta especialmente la memoria y la atención.

A partir de aproximadamente 55 años, observamos modificaciones progresivas en las redes cerebrales implicadas en el lenguaje y la comunicación. Esta reorganización se manifiesta también a escala de las redes cerebrales. Trabajos recientes en magnetoencefalografía (MEG) sugieren especialmente que tiende a agrupar más las representaciones semánticas en unidades más amplias y más estables, asociándolas a representaciones visuales o motoras. Retomando nuestro ejemplo, el tratamiento de la palabra "gato", desde su recuperación en la memoria hasta su articulación, estaría más mediado por la imagen, el sonido o el movimiento, para facilitar el lenguaje.

Nuestras investigaciones, realizadas en estos últimos tres años, sugieren también que estos cambios responden a una lógica energética más general del cerebro. Con el envejecimiento, ciertas conexiones cerebrales largas y costosas, como las del sistema fonológico, se vuelven más vulnerables. En respuesta, el cerebro tiende a privilegiar circuitos más locales, más ahorradores de energía, criterios a los que parecen responder los sistemas relacionados con el significado y la experiencia.

El envejecimiento cerebral aparece así menos como una degradación brutal que como una búsqueda permanente de equilibrio entre eficacia de procesamiento y ahorro de energía.

La reserva cognitiva


También es importante destacar que esta evolución varía fuertemente de un individuo a otro. Algunas personas conservan una gran fluidez verbal muy tarde en la vida, mientras que otras presentan dificultades más tempranas. Una parte de estas diferencias está relacionada con lo que las neurociencias llaman la reserva cognitiva.

La reserva cognitiva corresponde a la capacidad del cerebro para adaptarse a los cambios y movilizar estrategias alternativas. Está influida por numerosos factores como el nivel de educación, las actividades intelectuales, las interacciones sociales, la actividad física o el multilingüismo. Cuanto mayor es esta reserva, más parece el cerebro capaz de compensar los efectos del envejecimiento.

Es precisamente esta diversidad de trayectorias individuales la que estudiamos hoy para comprender mejor por qué algunos cerebros se mantienen particularmente adaptativos con la edad e identificar más tempranamente las trayectorias de vulnerabilidad gracias a la inteligencia artificial y al análisis de las redes cerebrales.

Estos trabajos participan en una transformación más amplia de la manera de abordar la salud cerebral. Hoy en día, las investigaciones apuntan cada vez más a detectar los primeros signos de fragilidad antes de la aparición de trastornos cognitivos más importantes. Por ejemplo, el aumento de las sensaciones de "palabra en la punta de la lengua" precede a dificultades cognitivas medibles en otros dominios cognitivos. Es en este contexto que surgen los centros de salud del cerebro, que desarrollan enfoques de prevención basados en la identificación temprana de individuos que podrían sentir ralentizaciones de sus competencias cognitivas, pero sin que las medidas objetivas muestren déficit de esas funciones.

En conclusión, durante el envejecimiento cognitivo sano, la palabra casi siempre termina volviendo. Y cuando tarda un poco, no significa forzosamente que el cerebro esté perdiendo sus capacidades. Puede simplemente indicar que está modificando sus estrategias para seguir funcionando de otro modo.