🛸 Por qué los extraterrestres quizás no quieran hablarnos

Publicado por Adrien,
Fuente: Acta Astronautica
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Nuestra galaxia, la Vía Láctea, podría albergar cientos de civilizaciones inteligentes. Sin embargo, tras décadas de escrutinio del cielo, no se ha captado ninguna señal. Este silencio, denominado simplemente "Gran Silencio", podría no deberse a una ausencia de vida inteligente, sino a una elección deliberada de no comunicarse con nosotros.

Un investigador noruego plantea esta idea: los extraterrestres nos observarían y considerarían que aún no merecemos un contacto.


Décadas de escucha de señales SETI sugieren la existencia de un "Gran Silencio". Pero quizás nadie quiere comunicarse con la Tierra.
Crédito: UCLA SETI

En un estudio reciente, Erik Geslin, profesor de la Universidad Noroff, añade así un nuevo factor a la célebre ecuación de Drake: la "voluntad de contacto". Su hipótesis es que las civilizaciones avanzadas podrían ser prudentes, no temerosas, sino conscientes de los riesgos que representa una especie como la nuestra, aún marcada por el antropocentrismo y los conflictos.

Erik Geslin explica que las sociedades capaces de viajar entre las estrellas probablemente habrían superado las etapas de conquista y destrucción ecológica. Su biocentrismo las llevaría a observar antes de interactuar. Más que ser tímidas, estas civilizaciones mostrarían una "prudencia planetaria", comparable a un principio de no interferencia.

A nuestros ojos, enviamos mensajes amistosos como las sondas Pioneer y Voyager, pero desde el exterior, nuestras señales podrían revelar una especie inventiva pero ecológicamente inestable. Una civilización avanzada escudriñaría nuestros medios, nuestras redes sociales, nuestros juegos, para entender quiénes somos realmente, antes de cualquier intento de diálogo.

A pesar de esta reserva, la curiosidad sigue siendo una fuerza poderosa. Algunas civilizaciones podrían considerar que los beneficios de un contacto superan los riesgos. Erik Geslin reconoce que la exploración siempre conlleva una parte de incertidumbre. Sin embargo, cree que las sociedades sostenibles privilegiarían la selectividad en sus interacciones.


La red de telescopios Allen del Instituto SETI en el norte de California busca señales de radio que podrían haber sido generadas por vida extraterrestre inteligente.
Crédito: SETI Institute

Finalmente, este nuevo enfoque cuestiona nuestro lugar en el Universo. El silencio podría ser un espejo: no son los alienígenas quienes se esconden, sino que nosotros aún no estamos listos para ser contactados.

La ecuación de Drake: estimar las civilizaciones extraterrestres


Frank Drake propuso esta célebre fórmula en 1961 para estimar el número de civilizaciones inteligentes y comunicativas en nuestra galaxia. Multiplica varios factores como la tasa de formación de estrellas, la fracción que posee planetas, la proporción de mundos habitables, la duración media de una civilización tecnológica.

Cada parámetro es incierto, lo que da resultados muy diversos, desde unas decenas hasta millones de sociedades. La ecuación no pretende proporcionar una respuesta exacta, sino que sirve como marco para estructurar la investigación y los debates sobre la vida extraterrestre.

Su interés principal es revelar las grandes incógnitas, como la probabilidad de aparición de la vida o la longevidad de las civilizaciones. Hoy, investigadores como Erik Geslin proponen añadirle factores psicológicos o éticos, como la voluntad de contacto.

La paradoja de Fermi: ¿dónde están?


El físico Enrico Fermi planteó esta paradoja en la década de 1950: si el Universo está repleto de civilizaciones inteligentes, ¿por qué no tenemos ninguna prueba? Con miles de millones de estrellas más viejas que el Sol, una civilización habría tenido tiempo de sobra para colonizar la galaxia, dejando huellas visibles.

Sin embargo, nuestras observaciones siguen en silencio. Este vacío aparente ha generado numerosas hipótesis: las civilizaciones se autodestruyen rápidamente, o quizás somos los primeros. La paradoja estimula la imaginación y la investigación.

La propuesta de Geslin se inscribe en esta reflexión: el Gran Silencio podría ser una elección deliberada, una forma de prudencia. Así, la paradoja no sería un problema de número, sino de voluntad de comunicación.
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