Los corales de las Galápagos revelan un cambio reciente de El Niño que no se parece a nada de lo registrado durante el milenio anterior a la industrialización.
El Niño corresponde a un calentamiento periódico de una parte del Pacífico tropical. Habitualmente, los vientos empujan las aguas cálidas hacia el oeste, en dirección a Australia. Durante un episodio de El Niño, estos vientos se debilitan y una mayor cantidad de agua cálida regresa hacia el este. Este desplazamiento modifica las lluvias y las temperaturas mucho más allá del Pacífico.

Anomalías de la temperatura superficial del mar en el Pacífico el 25 de agosto de 2026, que muestran la franja de aguas más cálidas asociada a El Niño.
Crédito: Unión Europea, Copernicus Marine Service Data — Contains modified Copernicus Sentinel data 2026
El fenómeno La Niña es la fase opuesta de El Niño, con corrientes más frías. El Niño y La Niña son los dos componentes de un ciclo recurrente.
Para saber si el fenómeno El Niño actual realmente se sale de lo normal, unos investigadores retrocedieron en el tiempo gracias a los corales de las Galápagos. Su esqueleto crece por capas sucesivas y conserva huellas químicas relacionadas con la temperatura del agua. El equipo estudió 13 corales, vivos o antiguos, dando prioridad a fragmentos que abarcaran un periodo de al menos 20 años.
Los científicos midieron especialmente la proporción entre el estroncio y el calcio en estas capas. Esta varía según la temperatura en el momento de su formación. Una segunda medición basada en diferentes formas del oxígeno completó el análisis. En conjunto, estos indicadores permiten reconstruir las variaciones antiguas de la temperatura superficial alrededor de las islas.
El resultado publicado en Science se refiere sobre todo a la variabilidad del sistema El Niño-La Niña en el Pacífico oriental. Durante las últimas cuatro décadas, alcanza un nivel un 36,5 % superior al del milenio preindustrial estudiado. Este aumento procede principalmente de episodios de El Niño que se han vuelto más fuertes y frecuentes en los datos recientes.
En otras palabras, la cifra del 36,5 % describe el aumento de las fluctuaciones de temperatura asociadas al fenómeno en la región estudiada. Las Galápagos son especialmente adecuadas para esta investigación, ya que los grandes episodios de El Niño producen allí fuertes anomalías de temperatura.
Queda por distinguir entre una evolución relacionada con el calentamiento y una variación natural particularmente prolongada. Por ello, los investigadores compararon sus datos con simulaciones que abarcan el último milenio. Doce modelos climáticos reprodujeron influencias naturales, especialmente las erupciones volcánicas y las variaciones de la actividad solar. Ninguno generó por sí solo un aumento comparable al observado recientemente.
El avance medido acompaña al aumento de la temperatura mundial, lo que refuerza el vínculo con el calentamiento actual. El Niño puede desplazar las zonas de lluvias intensas, favorecer sequías en otros lugares y alterar los ecosistemas marinos. Por tanto, un fenómeno más variable puede modificar la intensidad de ciertos episodios climáticos extremos, sin producir los mismos efectos en todas las regiones.
Los investigadores también disponen de archivos coralinos del Pacífico central, donde aparece igualmente un aumento, aunque menos claro que en las Galápagos. Estas diferencias geográficas se convierten ahora en una pista importante: deben ayudar a determinar cómo reaccionará el sistema El Niño-La Niña si el planeta continúa calentándose.