🌌 Dos objetos podrían haber sobrevivido a la muerte de su estrella

Alrededor de una estrella muerta, dos cuerpos rocosos aún podrían orbitar entre los escombros de su antiguo sistema planetario. Incluso podrían ser fragmentos de planetas más grandes.

Dentro de varios miles de millones de años, el Sol se hinchará y se convertirá en una gigante roja. Después perderá sus capas exteriores y dejará atrás un núcleo muy denso, llamado enana blanca. Es posible que los planetas más cercanos no sobrevivan a esta transformación. Pero ¿qué ocurrirá con los cuerpos situados más lejos?

Vista artística de la enana blanca J1328−1450 rodeada de escombros y de dos anillos de gas separados.

Vista artística de la enana blanca J1328−1450 rodeada de escombros y de dos anillos de gas separados. Dos pequeños cuerpos rocosos podrían explicar esta estructura.
Ilustración: ESO/L. Calçada, CC BY 4.0.

Un equipo de astrónomos descubrió un indicio interesante alrededor de J1328−1450, una enana blanca procedente de una estrella que antiguamente era similar al Sol. Gracias al Very Large Telescope, instalado en Chile, estudió la luz emitida por los gases que orbitan alrededor de esta estrella.

Las mediciones revelaron una organización inusual: el gas parece formar dos anillos concéntricos, separados por una zona casi desprovista de gas.

¿Por qué dos anillos en lugar de uno solo? Los astrónomos consideran más probable la idea de que haya un cuerpo sólido en cada anillo. Al encontrarse con el polvo que los rodea, podrían producir gas y contribuir a mantener esta estructura. Su presencia sigue siendo una hipótesis: ninguno de los dos cuerpos ha sido observado directamente.

Otra representación artística del disco de escombros que rodea a la enana blanca J1328−1450.

Otra representación artística del disco de escombros que rodea a la enana blanca J1328−1450. Los dos anillos y los pequeños cuerpos que podrían circular por ellos no son visibles directamente con los telescopios.
Ilustración: Fortuna and Gentile Fusillo, vía ESO, CC BY 4.0.

En realidad, no se conoce su tamaño. Los investigadores calcularon los diámetros máximos que estos cuerpos podrían tener sin ser desgarrados por la atracción de la enana blanca. Para el del anillo interior, este límite varía entre unos 45 y 172 kilómetros según su distancia a la estrella, suponiendo que se trata de un cuerpo denso y sólido. Podría ser mucho más pequeño. Para el cuerpo exterior, el límite podría alcanzar unos 3.500 kilómetros en las condiciones más favorables, es decir, el tamaño de nuestra Luna.

Esta diferencia se debe a la proximidad de la estrella. Su gravedad tira con más fuerza de la cara de un objeto orientada hacia ella que de la cara opuesta. Estas fuerzas pueden acabar rompiéndolo. Por tanto, cerca de la enana blanca, un cuerpo grande resiste con dificultad, mientras que un asteroide pequeño y suficientemente sólido podría permanecer intacto.

El equipo también identificó varios elementos en el gas, entre ellos hierro, calcio, oxígeno y magnesio. También se encuentran en las rocas de los planetas de nuestro Sistema Solar. Los dos anillos no tienen la misma composición, especialmente en lo que respecta al magnesio. Sus materiales podrían proceder de dos cuerpos diferentes o de partes distintas de un mismo planeta, como su corteza y su interior.

Estos resultados muestran hasta qué punto puede ser turbulento el final de un sistema planetario. Los planetas pueden ser destruidos y sus restos formar anillos. Tal vez sea una visión muy lejana de lo que le espera a nuestro propio Sistema Solar.

Ahora los investigadores quieren comprender mejor qué mantiene estos anillos y comprobar si los cuerpos rocosos son realmente responsables de ellos.