Un equipo buscó en 129 galaxias el calor que podría producir una civilización que utilizara una gran parte de la energía de sus estrellas.
La idea se basa en una consecuencia física sencilla. Una tecnología que capta una enorme cantidad de energía debe acabar expulsando una parte en forma de calor. Este calor podría aparecer intensamente en el infrarrojo, una luz invisible para nuestros ojos. Por ello, los investigadores buscaron una firma térmica anómala a escala de galaxias enteras.

Ejemplo de una estructura de Dyson alrededor de una estrella.
Imagen de Wikimedia
Para entender qué rastrean, podemos suponer que las civilizaciones avanzadas podrían construir instalaciones que rodearan su estrella para recoger su radiación. Se habla en este caso de enjambres de Dyson. No se trata necesariamente de esferas sólidas. En teoría, miles de millones de colectores podrían interceptar una parte de la luz estelar y volver a emitir una parte de la energía absorbida en forma de calor.
El problema procede de las propias galaxias. Las estrellas jóvenes, las nubes de polvo caliente o un agujero negro activo también pueden producir mucho infrarrojo. Por tanto, una simple detección no basta. El equipo modelizó simultáneamente la luz de las estrellas, el gas y el polvo, y después añadió la firma esperada de los enjambres de Dyson.
Este método se aplicó a 129 galaxias cercanas con perfiles muy variados. Los investigadores también realizaron 1.419 pruebas añadiendo artificialmente una señal tecnológica a los datos. Después comprobaron si su método podía encontrarla. En las galaxias tranquilas, detectaba instalaciones que interceptaban aproximadamente entre el 4 y el 5 % de la luz de su estrella.
Las mediciones son especialmente sólidas para las galaxias tranquilas, sin un núcleo activo dominante. En ellas, el límite mediano corresponde a menos del 0,3 % de la luz estelar reemitida por enjambres calientes.
Los autores identifican, en particular, las regiones externas de las galaxias tranquilas como objetivos interesantes. Estas zonas contienen menos polvo caliente y se ven menos perturbadas por la actividad de un agujero negro central.
Los futuros observatorios infrarrojos podrían reducir aún más las ambigüedades. El estudio menciona, en particular, observaciones capaces de separar mejor el polvo natural de un posible calor artificial. Posteriormente, imágenes específicas tomadas con el telescopio espacial James Webb podrían examinar los candidatos más inusuales.