Las burbujas de gas atrapadas en rocas desde hace unos 2.000 millones de años podrían cambiar nuestra interpretación de un episodio importante de la historia de la Tierra.
Su composición indica que una señal química observada en la actual Rusia podría explicarse principalmente por fenómenos locales, y no por una alteración mundial del ciclo del carbono, como se suponía hasta ahora.

Los investigadores estudiaron la formación de Zaonega, en Carelia, en el noroeste de Rusia. Estas antiguas rocas marinas tienen unos 2.000 millones de años. Se formaron después del primer gran aumento de oxígeno en la atmósfera terrestre.
Estas rocas presentan una proporción inusual entre dos formas del carbono: el carbono 12 y el carbono 13. Este tipo de diferencia puede conservar la huella de antiguos cambios ambientales. También se han observado señales similares en Gabón, lo que había reforzado la idea de un fenómeno planetario.
El nuevo estudio se centró en gases que quedaron atrapados en diminutas bolsas dentro de las rocas. Los investigadores analizaron sus moléculas e isótopos. Entre otros compuestos, encontraron metano y otros hidrocarburos formados por efecto del calor.
Según su escenario, una intrusión de magma atravesó en profundidad sedimentos ricos en materia orgánica. Este calor produjo hidrocarburos, incluido metano, que después ascendieron hacia el fondo marino existente en aquella época. Unos microbios que consumían este metano habrían producido entonces materia orgánica especialmente pobre en carbono 13.
Las mediciones respaldan este mecanismo. Las temperaturas reconstruidas alcanzan unos 350 °C cerca de la antigua intrusión magmática. Disminuyen progresivamente hasta unos 72 °C, aproximadamente 300 metros más arriba en la roca.
Esta sucesión de fenómenos geológicos y biológicos basta para explicar la señal inusual observada en Zaonega. Por tanto, podría proceder principalmente de esta cuenca sedimentaria. Sin embargo, los investigadores precisan que no pueden excluir por completo la influencia de cambios mundiales en el ciclo del carbono.
Este matiz es importante, porque Zaonega sirve como sitio de referencia para un acontecimiento llamado Shunga–Francevillian. A veces se ha interpretado como la huella de una alteración mundial ocurrida hace unos 2.000 millones de años. El equipo quiere comparar ahora estos resultados con nuevos testigos extraídos en Gabón.