Muchas células cancerosas consumen mucha glucosa para crecer.
Una molécula experimental aprovecha esta dependencia de una manera inesperada: acelera su consumo y luego altera otro circuito energético. Probada en células y en ratones, ha ralentizado el crecimiento de tumores sin provocar una pérdida de peso visible durante el experimento.

La molécula, denominada XJ-4-85, se dirige a PFKL, una enzima que controla un paso clave de la glucólisis. La glucólisis designa la serie de reacciones que transforma la glucosa en energía y en materiales utilizables por la célula. Muchos tumores dependen en gran medida de esta vía, incluso cuando no falta oxígeno.
Habitualmente, una estrategia anticancerosa busca más bien frenar ese combustible. Aquí, los investigadores hicieron lo contrario.
XJ-4-85 se fija de forma duradera en un punto concreto de PFKL y mantiene la enzima en su forma activa. Esta activación impulsa más glucosa hacia la glucólisis. Las mediciones realizadas en varios tipos de células mostraron un rápido aumento de los productos derivados de esta vía, así como un incremento de su actividad global.
Pero la molécula no se limita a pisar el acelerador. Cuando se une a PFKL, también libera una segunda parte que bloquea CPT2, una proteína implicada en la utilización de las grasas por las mitocondrias. En otras palabras, estimula una fuente de energía mientras dificulta otra solución de respaldo.
Este doble efecto podría explicar por qué las células tumorales fueron más sensibles que varias líneas no cancerosas estudiadas en laboratorio.
Para verificar su acción en un organismo vivo, el equipo implantó células de melanoma en ratones. Cuando los tumores alcanzaron aproximadamente 100 mm³, los animales recibieron cada día la molécula o distintos productos de comparación. Tras dos semanas, el crecimiento tumoral se redujo claramente con XJ-4-85.
Los experimentos genéticos reforzaron después esta interpretación. Cuando se suprimía PFKL en las células tumorales, la eficacia disminuía notablemente. La supresión de CPT2 también reducía la respuesta. Estos resultados indican que ambas dianas contribuyen efectivamente al efecto observado, en lugar de una simple toxicidad general.
Queda ahora por transformar este principio químico en candidato terapéutico. Los investigadores deberán medir su distribución en el organismo, su seguridad durante un periodo más largo y su eficacia en otros modelos de cáncer.