Bajo Italia, una parte profunda de la corteza terrestre parece desprenderse progresivamente, con efectos visibles incluso en la superficie.
Los Apeninos atraviesan la península italiana a lo largo de unos 1.200 km. Esta cordillera presenta desde hace tiempo un comportamiento sorprendente. Su centro se estira, mientras que su borde oriental sigue sufriendo compresión. Algunas zonas se elevan, otras descienden, y los terremotos también registran estos movimientos opuestos.

Mapa orográfico e hidrográfico que muestra las subdivisiones de la cordillera de los Apeninos.
Crédito: Gaëlix / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Para comprender lo que ocurre, varios investigadores reunieron distintos tipos de observaciones. Utilizaron, entre otros datos, los desplazamientos medidos mediante GPS, las deformaciones detectadas por radar desde satélites y la información proporcionada por los terremotos. Cada método aporta datos sobre una parte diferente de la estructura y sus movimientos.
En conjunto, estos datos dibujan un escenario en el que la parte inferior de la corteza se separa de la parte situada encima. Esta roca profunda y más densa desciende después hacia el manto, la capa terrestre situada bajo la corteza. Los geólogos denominan deslaminación a este fenómeno.
Pero el desprendimiento no se produce en todas partes al mismo tiempo. Avanza siguiendo un frente que se desplaza lentamente hacia el este, en dirección al Adriático. Esta progresión recuerda a la apertura de una cremallera, de ahí la expresión «despegue» empleada para describir el mecanismo.
Este movimiento profundo permite relacionar varias observaciones que parecían contradictorias. Cuando los materiales densos se hunden, modifican las fuerzas ejercidas sobre la corteza situada encima. Esta puede entonces estirarse en una zona y permanecer comprimida en otra, sin que ambos comportamientos sean incompatibles.
La historia de los Apeninos también ayuda a comprender esta situación. La cordillera se formó cuando los movimientos tectónicos acercaron y engrosaron porciones de la corteza durante millones de años. Más tarde, parte de las rocas que se hundían en profundidad retrocedió, favoreciendo la apertura del mar Tirreno y el estiramiento de la región situada detrás de la cordillera.
El interés de este estudio va más allá del caso italiano. Los investigadores cuentan aquí con un ejemplo actual en el que un mecanismo profundo puede compararse con desplazamientos medidos en la superficie. Las próximas observaciones permitirán seguir el desplazamiento del frente de desprendimiento y relacionar mejor esta evolución con las deformaciones y los terremotos de los Apeninos.