La NASA acaba de seleccionar 18 ideas tecnológicas que algún día podrían transformar la exploración espacial. Algunas conciernen directamente a la Luna, otras a Saturno, Venus, los exoplanetas o los viajes interestelares.
Estos proyectos pertenecen al programa NASA Innovative Advanced Concepts, más conocido por las siglas NIAC. El monto total alcanza los 3,2 millones de dólares. Cada equipo recibirá hasta 175 000 dólares por nueve meses de trabajo, con el fin de examinar la viabilidad de su concepto e identificar sus principales obstáculos técnicos.

Ilustración: NASA (NIAC)
Varias propuestas se centran en las futuras operaciones lunares. Una prevé robots capaces de mantenerse en vuelo estacionario para explorar tubos de lava bajo la superficie. Otra se centra en el control térmico de pequeños vehículos móviles. Un tercer proyecto estudia la integración de fuentes de calor radioisotópicas en trajes espaciales, para proteger a los astronautas durante las noches lunares, que duran casi dos semanas terrestres.
Venus también figura entre los destinos previstos. Su atmósfera muy caliente impone condiciones severas a los instrumentos y vehículos. Por ello, un equipo debe estudiar una arquitectura capaz de aumentar su resistencia y su tiempo de funcionamiento in situ.
Saturno inspira dos proyectos distintos. El primero imagina una constelación de 10 000 minúsculos satélites, controlables individualmente, para cartografiar los anillos y analizar su entorno. El segundo, denominado PRAXIS, explora un método de muestreo directo en los anillos de Saturno, Urano o Neptuno.
Otros equipos miran mucho más allá del sistema solar. Una propuesta se centra en velas solares apilables, diseñadas para alcanzar grandes variaciones de velocidad. Otra estudia una producción de energía termofotovoltaica que utiliza una fuente radioisotópica, con el objetivo lejano de alimentar sondas interestelares.
Los científicos también quieren mejorar la observación de fenómenos que hoy en día son difíciles de medir. Algunos conceptos buscan distinguir continentes en exoplanetas, observar los anillos de fotones alrededor de los agujeros negros o detectar ondas gravitacionales débiles relacionadas con la formación de las galaxias. Estos proyectos, sin embargo, todavía se basan en estudios teóricos y arquitecturas instrumentales por validar.
Dos proyectos se acercan más a las preocupaciones terrestres. Uno examina el uso de una nube de polvo controlable en el espacio para reducir parte de la radiación solar que recibe la Tierra. El otro se refiere a la vigilancia de los desechos en órbita, con el fin de mejorar el conocimiento de su posición y de los riesgos asociados.
El programa NIAC sirve precisamente para probar este tipo de ideas en una fase muy temprana. A partir de ahora, los equipos deberán determinar qué puede funcionar realmente, medir las prestaciones posibles y detectar los límites físicos o industriales. Solo los conceptos considerados suficientemente creíbles podrán aspirar a fases de estudio adicionales.