Diminutos fragmentos descubiertos en China acaban de revolucionar la historia del ámbar. Con unos 385 millones de años de antigüedad, constituyen el ejemplo más antiguo confirmado químicamente. Este hallazgo retrasa en 65 millones de años el récord anterior.
Las muestras provienen de la formación geológica de Hujiersite, en Xinjiang, al noroeste de China. Estaban encerradas en una capa de carbón del Devónico medio. Su edad se estableció principalmente gracias al contexto geológico y a las esporas fósiles vecinas.

Fotografías del ámbar de Hujiersite, datado del Devónico medio.
Los fragmentos, integrados en el carbón o aislados, miden entre 0.1 y 1.35 mm. Presentan diferentes colores, transparencias y, a veces, burbujas. Bajo luz ultravioleta, uno de ellos produce una fuerte fluorescencia azul.
El ámbar se forma cuando una resina vegetal se conserva y luego se transforma progresivamente durante la fosilización. Las plantas generalmente producen esta sustancia para cicatrizar sus heridas. También puede protegerlas contra ciertos microbios u organismos dañinos.
En este caso, los fragmentos siguen siendo microscópicos. Por lo tanto, son demasiado pequeños para contener insectos u otros organismos visibles, como los trozos de ámbar más recientes. Su interés científico reside principalmente en su antigüedad y su composición química.
Los investigadores analizaron esta composición mediante varias técnicas. Los resultados muestran una resina rica en compuestos terpénicos. Su firma recuerda más a la de las coníferas que a la de las plantas con flores, aunque estos grupos aún no existían.
La planta que originó esta resina, sin embargo, no pudo ser identificada. Ningún fragmento estaba directamente asociado a un tejido vegetal reconocible. Los científicos mencionan especialmente progimnospermas o licófitas arbóreas, muy presentes en los paisajes de la época.
El Devónico marca una etapa importante en la evolución de los continentes. Las plantas crecían, desarrollaban madera y formaban sistemas radiculares más profundos. Poco a poco, estas transformaciones favorecieron la aparición de los primeros grandes bosques.
El descubrimiento indica, por lo tanto, que la producción de resina apareció muy temprano en la historia de las plantas terrestres. Esta defensa química podría haber servido ya contra heridas, infecciones o ciertos estreses ambientales.
Hasta ahora, el ámbar más antiguo reconocido databa de unos 320 millones de años. Estos nuevos fragmentos amplían considerablemente esta cronología. También muestran que las plantas antiguas ya disponían de mecanismos de protección relativamente elaborados.