¿Pasar más tiempo en las redes sociales se correlaciona con una vida más feliz o más infeliz unos meses después?
Esta observación procede de un estudio realizado con 1.966 adultos en Estados Unidos. Las mismas personas respondieron en cinco ocasiones, con tres meses entre cada cuestionario. Los investigadores les preguntaron con qué frecuencia utilizaban diez tecnologías que permiten comunicarse o interactuar y, después, evaluaron su satisfacción general con su propia vida.

Un smartphone que muestra una carpeta con varias aplicaciones de redes sociales.
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Este método permite plantear una pregunta distinta de una simple comparación entre usuarios. Cuando una misma persona utiliza una tecnología más de lo habitual, ¿cambia después su satisfacción? Por ello, los investigadores siguieron los cambios individuales a lo largo del tiempo, en lugar de limitarse a comparar a las personas muy conectadas con las demás.
El resultado principal es bastante claro: a esta escala de medición y en estos intervalos de tres meses, el equipo encuentra muy pocos indicios creíbles de que un uso más frecuente anuncie una modificación posterior de la satisfacción vital. Esto se aplica al conjunto de las diez tecnologías estudiadas.
Los investigadores también examinaron la relación en sentido inverso. ¿Podía un aumento de la satisfacción vital llevar después a utilizar más ciertas tecnologías? En este caso, los efectos observados también fueron limitados. No obstante, algunos grupos demográficos presentaron un ligero aumento posterior de las llamadas de voz o vídeo.
Algunas asociaciones aparecen cuando se comparan personas diferentes. Los participantes que enviaban mensajes de texto con mayor frecuencia declaraban, de media, una satisfacción más alta. En cambio, un uso más frecuente de YouTube o TikTok se asociaba con una satisfacción más baja.
Una persona puede utilizar una plataforma por muchas razones relacionadas con su edad, sus hábitos, sus relaciones o su situación. El seguimiento repetido busca precisamente distinguir mejor esas diferencias duraderas de los cambios experimentados por una misma persona.
La investigación mide la frecuencia declarada, y no cada actividad realizada en una pantalla. Ver un vídeo, conversar con alguien cercano o desplazarse pasivamente por un muro de novedades pueden corresponder a usos muy diferentes.