El telescopio espacial Roman podría finalmente seguir operativo mucho más tiempo de lo previsto.
La NASA había diseñado la misión para cinco años de observaciones principales, a los que podían sumarse cinco años adicionales. Las nuevas estimaciones cambian considerablemente esta perspectiva: la agencia estadounidense prevé ahora suficiente combustible para al menos 22 años de posibles operaciones científicas.

Representación artística del telescopio espacial Nancy Grace Roman en su configuración operativa.
Crédito: Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA/Laboratorio CI
Esta reserva inesperada se debe, en primer lugar, al viaje de Roman hasta su destino. Tras el lanzamiento, el telescopio debía corregir su trayectoria con sus propios motores. La primera maniobra, realizada el 31 de agosto, alcanzó la trayectoria buscada con una precisión superior al 99 %. Una precisión así evita tener que gastar mucho combustible para corregir posteriormente pequeñas desviaciones.
En concreto, esta operación contaba con un presupuesto de 200 kg de combustible. Roman solo consumió unos 18 kg, es decir, menos de una décima parte de la cantidad prevista. Según la NASA, este único ahorro podría añadir aproximadamente cuatro años a la duración potencial de la misión.
Otro beneficio procede de la masa del telescopio. Los ingenieros habían realizado sus cálculos con una masa máxima prudente de 9.800 kg. En el momento del lanzamiento, Roman pesaba finalmente solo 8.056 kg. El margen disponible también permitió llenar más sus depósitos antes de la partida.
Este combustible adicional podría representar unos cuatro años más de observaciones. Todavía se esperan otros ahorros. La gran precisión de la primera corrección permite, en particular, reducir la segunda, prevista para más adelante en septiembre. La inserción en la órbita definitiva también debería requerir menos combustible de lo estimado inicialmente.
Roman debe llegar a una región situada a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en dirección opuesta al Sol. Se desplazará alrededor del punto de Lagrange L2, utilizado también por el telescopio espacial James Webb. Una vez instalado, solo tendrá que realizar pequeñas correcciones de posición, aproximadamente cada 28 días.
El combustible es solo una de las condiciones necesarias para el funcionamiento de un observatorio espacial. Los instrumentos, los sistemas electrónicos y los demás equipos también deberán seguir operativos. Las futuras prolongaciones dependerán asimismo de las decisiones que se tomen a lo largo de la misión.
No obstante, una reserva así abre una posibilidad concreta: Roman podría acumular observaciones durante más de dos décadas. Sus grandes estudios deberán analizar, en particular, la expansión del Universo, la materia oscura y los exoplanetas. El próximo paso inmediato sigue siendo su llegada cerca de L2, prevista unos 100 días después del lanzamiento, hacia principios de diciembre.