Unas salmonelas responsables de infecciones graves se están volviendo progresivamente menos sensibles a varios antibióticos utilizados para combatirlas.
Los investigadores analizaron el patrimonio genético de 7.691 muestras de Salmonella procedentes de 77 países. Estas bacterias se habían recogido entre 1954 y 2024. Todas estaban asociadas a infecciones denominadas invasivas. En estos casos, la bacteria abandona el intestino y normalmente alcanza zonas estériles, especialmente la sangre.

Micrografía electrónica de barrido coloreada que muestra Salmonella Typhimurium, en rojo, en contacto con células humanas cultivadas.
Crédito: Rocky Mountain Laboratories, NIAID, NIH. Dominio público.
Para comprender su resistencia, el equipo buscó en su ADN genes capaces de proteger a las bacterias frente a determinados medicamentos. También comparó estos datos genéticos con los resultados de pruebas realizadas en laboratorio. Este enfoque permite seguir la aparición y la propagación de resistencias durante varias décadas.
Los resultados afectan a varios tratamientos importantes. Aproximadamente el 7,39 % de las muestras presentaba resistencia o sensibilidad reducida a la ciprofloxacina. En el caso de las cefalosporinas de tercera generación, esta proporción alcanzaba el 7,91 %. La fosfomicina afectaba al 4,23 % de las muestras, frente al 0,79 % correspondiente a la azitromicina.
Este estudio sirve principalmente para detectar evoluciones mundiales en las bacterias analizadas.
Sin embargo, varias tendencias avanzan con el tiempo. Los investigadores constatan un aumento mundial de la resistencia a la azitromicina. También observan una mayor resistencia o sensibilidad reducida a la ciprofloxacina y a varias cefalosporinas. Por tanto, algunos mecanismos genéticos pueden propagarse entre distintas líneas bacterianas.
En la práctica, una bacteria resistente puede seguir multiplicándose a pesar de un antibiótico que normalmente debería matarla o bloquear su crecimiento. El médico dispone entonces de menos tratamientos eficaces. Esta situación adquiere especial importancia durante una infección invasiva, que requiere más cuidados.
No obstante, el mapa mundial sigue siendo muy incompleto. Los datos disponibles son claramente menos numerosos en varias regiones de África y Sudamérica. Por ello, los autores instan a reforzar la secuenciación y el intercambio de datos en las regiones que todavía están poco vigiladas.
Esta vigilancia genética también puede detectar más rápidamente la llegada de un nuevo mecanismo de resistencia a una región.