Los huesos de tres tigres dientes de sable revelan anomalías raras en la columna vertebral. Estas lesiones son compatibles con la presencia de tumores de los nervios espinales, aunque no permiten un diagnóstico certero. Ofrecen un nuevo indicio sobre la fragilidad del Smilodon fatalis —su nombre científico— antes de su extinción.
Los fósiles provienen de los pozos de brea de La Brea, en California. Este sitio ha conservado varios miles de huesos de depredadores del Pleistoceno. Los investigadores disponen así de un conjunto excepcional para comparar las enfermedades y malformaciones aparecidas en estos animales.

Cráneo de Smilodon populator Lund, 1842, expuesto en el Museu de Zoologia da Universidade de São Paulo.
Imagen Wikimedia
El equipo examinó 849 huesos sacros (sacrum), 2.130 vértebras lumbares y 743 vértebras cervicales. Tres especímenes presentaban un agrandamiento característico de las aberturas por donde pasan los nervios de la columna. Esta forma es compatible con un tumor de los nervios espinales, aunque los tejidos blandos han desaparecido.
La frecuencia estimada alcanza 353 casos por cada 100.000 individuos en la muestra estudiada. Esta cifra no puede compararse directamente con las estadísticas médicas: los fósiles provienen de un ensamblaje particular, influenciado por las condiciones de conservación y por el funcionamiento de las trampas naturales de La Brea.
Estos presuntos tumores podrían haber causado dolor, debilidad en las extremidades o dificultades para desplazarse. Para un gran depredador, tales problemas podían reducir la capacidad de perseguir a una presa.

La fotografía de una vértebra fósil, referenciada HC 12233, se presenta a la izquierda. Una anomalía de 8 milímetros se destaca con una flecha y marcas azules.
A la derecha, un dibujo anatómico en blanco y negro representa la misma vértebra, con la anomalía coloreada en negro.
Referencia: Namura et al., 2013, tipo IIc.
Los investigadores plantean un vínculo con la consanguinidad. Cuando el número de individuos disminuye, los animales disponen de menos parejas y los cruces entre parientes se vuelven más frecuentes. Ciertas mutaciones desfavorables pueden entonces aparecer con más frecuencia en la población.
Sin embargo, esta interpretación sigue siendo una hipótesis. El ADN de los animales estudiados no está disponible para medir directamente su diversidad genética. Las anomalías también podrían deberse a otros factores, y la muestra de La Brea no representa necesariamente a toda la especie.
El Smilodon fatalis desapareció de América del Norte hace unos 12.000 años. Los nuevos datos muestran cómo posibles enfermedades y un debilitamiento genético pueden acompañar la decadencia de una población animal.