Una molécula ya conocida por los laboratorios ha producido un resultado sorprendente en animales obesos: menos grasa, sin pérdida de masa muscular.
Los investigadores estudiaron el TOFA, una pequeña molécula que puede administrarse por vía oral. La probaron en varios modelos animales de obesidad, especialmente en ratones alimentados con una dieta rica en grasas. A diferencia de varios tratamientos actuales, su acción no se basa en reducir el apetito. Por tanto, los animales seguían comiendo, pero su organismo gastaba más energía.

Actualmente, una parte importante de la población es obesa.
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Para comprender este resultado, hay que observar qué hace el cuerpo con las grasas. Puede fabricarlas y almacenarlas, pero también utilizarlas como combustible. El TOFA actúa sobre varios mecanismos que participan en este equilibrio. En particular, reduce la actividad de dos enzimas implicadas en la fabricación de grasas y activa vías que favorecen su utilización.
En los animales estudiados, esta modificación del metabolismo estuvo acompañada de una disminución de la obesidad. Los investigadores también observaron una mejor regulación de la glucosa y mejoras en la acumulación de grasa en el hígado. Sobre todo, la masa muscular no disminuyó y la cantidad de alimento consumido no se redujo.
Este aspecto llama la atención porque la pérdida de peso no corresponde únicamente a la desaparición de grasa. Algunos tratamientos o dietas también pueden provocar una disminución de la masa magra, de la que forman parte los músculos. Por tanto, un enfoque capaz de favorecer la pérdida de grasa preservando los músculos podría tener un interés especial, si algún día se confirma este efecto en seres humanos.
El equipo también combinó el TOFA con semaglutida o tirzepatida, dos moléculas utilizadas contra la obesidad y la diabetes. Estos medicamentos actúan principalmente reduciendo la ingesta de alimentos. En los animales, su combinación con el TOFA produjo efectos superiores a los obtenidos con cada tratamiento por separado en varios parámetros, como el peso y la respuesta a la insulina.
Por tanto, los dos enfoques no actúan de la misma manera. La semaglutida y la tirzepatida influyen principalmente en el apetito, mientras que el TOFA modifica sobre todo la forma en que el organismo fabrica y gasta sus reservas de energía. Así, los autores contemplan más bien una combinación de mecanismos que un reemplazo de los medicamentos existentes.
Sin embargo, estos resultados siguen siendo completamente preclínicos. El TOFA aún no se ha probado como tratamiento contra la obesidad en seres humanos, por lo que este estudio no permite conocer su seguridad ni la dosis adecuada. Antes de cualquier ensayo clínico, los investigadores deberán determinar especialmente si los efectos observados en animales pueden obtenerse sin toxicidad en seres humanos.