Con la edad, nuestro cuerpo se vuelve más frágil, un cambio relacionado con la acumulación de células que han dejado de dividirse. A veces apodadas "zombis", estas células aún vivas pero no funcionales alimentan la inflamación y el desarrollo de enfermedades crónicas.
Estas células senescentes persisten en efecto en los tejidos y liberan allí moléculas inflamatorias, un fenómeno denominado fenotipo secretor asociado a la senescencia. Este proceso contribuye a las degradaciones relacionadas con la edad. Aunque el cuerpo dispone normalmente de un sistema para eliminarlas, esta función pierde eficacia con el tiempo, favoreciendo su acumulación.
Para comprender su persistencia, investigadores de la Universidad de Kioto se centraron en un proceso energético clave, la glucólisis, también utilizado por las células cancerosas. Su atención se centró en dos moléculas, la fosfoglicerato mutasa y la quinasa Chk1. Su unión parece reforzada en las células senescentes, una interacción que mantiene su producción de energía y su supervivencia celular, como mostraron pruebas de laboratorio.
Gracias a una técnica de detección por bioluminiscencia, el equipo pudo observar estas uniones proteicas. Bloquear esta conexión conduce a la eliminación selectiva de las células senescentes, tanto en cultivo como en ratones. Esta manipulación también atenuó la fibrosis pulmonar en los roedores, vislumbrando beneficios para la salud.
Este bloqueo también actúa sobre un mecanismo central en el ciclo celular. Al reducir su actividad, las células dañadas pueden entrar en apoptosis, una muerte celular programada. Lo que equivale a una autoeliminación.
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Signal Transduction and Targeted Therapy, estos trabajos muestran que sería factible devolver al organismo capacidades perdidas con el envejecimiento.