¿Por qué el Universo parece tan silencioso después de décadas esperando un mensaje proveniente de otro lugar? ¿Dónde están las civilizaciones extraterrestres? Una nueva hipótesis inesperada acaba de surgir dando, se espera, una explicación a la famosa paradoja de Fermi.
Durante mucho tiempo percibidas como emisiones nítidas y continuas, las ondas de radio se topan con barreras y perturbaciones durante su viaje. La actividad de las estrellas, como las eyecciones de masa coronal, proyecta por ejemplo partículas cargadas que interfieren con la propagación de estas ondas. Estos encuentros tienen el potencial de dispersar una señal en una amplia banda de frecuencias, disminuyendo su intensidad y complicando su recepción desde la Tierra.
Una señal estrecha emitida desde un planeta (a la izquierda) puede ser dispersada en frecuencias después de atravesar el plasma estelar, reduciendo su potencia (a la derecha). Crédito: Vishal Gajjar
Un trabajo realizado por Vishal Gajjar y Grayce Brown del Instituto SETI cuantificó este impacto al examinar señales intercambiadas entre la Tierra y sondas espaciales. Sus resultados, publicados en The Astrophysical Journal, permitieron calibrar la influencia del viento solar y de las erupciones estelares sobre las transmisiones muy finas, precisamente aquellas que los astrónomos rastrean.
Posteriormente, unas simulaciones extrapolaron estas medidas a otros sistemas, enfocándose en estrellas como nuestro Sol y las enanas rojas. Estas últimas, de tamaño modesto pero muy turbulentas, son particularmente susceptibles de provocar un ensanchamiento pronunciado de las señales, pudiendo superar varios cientos de hercios en algunos casos.
Este avance permite considerar modificaciones en las técnicas de investigación. Al tener en cuenta las condiciones espaciales locales, los científicos pueden ahora elaborar estrategias de detección más adaptadas a las señales que nos llegan realmente, y no a las emitidas en condiciones ideales.
Algunos se preguntan si este proceso aporta un elemento de respuesta al silencio persistente. Quizás la galaxia no carece de mensajes, pero debemos simplemente perfeccionar nuestros instrumentos para discernirlos a través de la interferencia generada por las estrellas.
Los esfuerzos futuros integrarán estos nuevos parámetros a las investigaciones en curso, reavivando la esperanza de levantar un poco el velo sobre la existencia eventual de civilizaciones tecnológicas dentro de la Vía Láctea.