🐦 El canto de las aves sigue reglas similares a nuestro lenguaje

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El canto de un ave aprendido de sus congéneres puede llegar a presentar regularidades estadísticas familiares para los lingüistas.

Un estudio publicado en Science Advances muestra que algunas estructuras observadas en el lenguaje humano también aparecen en el canto aprendido de las aves. Este resultado refuerza una idea precisa: la transmisión cultural puede, por sí sola, favorecer ciertas formas de organización de las señales.

Imagen de ilustración Pixabay

El acercamiento no significa que las aves posean un lenguaje comparable al nuestro. Los investigadores se interesan aquí por la frecuencia y el encadenamiento de las unidades sonoras, no por su significado. En otras palabras, dos sistemas muy diferentes pueden compartir propiedades matemáticas sin transmitir el mismo tipo de información.

Una de estas propiedades se refiere a la manera en que ciertas unidades aparecen mucho más a menudo que otras. En las lenguas humanas, esta distribución muy desigual es bien conocida. Algunas palabras son omnipresentes y luego su frecuencia disminuye rápidamente a medida que se desciende en la clasificación. Trabajos recientes han encontrado una organización similar en el canto de las ballenas jorobadas.

El nuevo estudio buscaba en particular saber si un fenómeno comparable podía aparecer en aves cuyo canto es aprendido. Es un punto importante, porque las aves cantoras jóvenes no producen simplemente una secuencia enteramente programada al nacer. Escuchan a los adultos, memorizan modelos y luego ajustan progresivamente sus propias vocalizaciones.

Esta transmisión proporciona un laboratorio natural para estudiar el efecto del aprendizaje sobre la forma de un sistema de comunicación. Cuando una secuencia debe ser memorizada y luego reproducida, algunas organizaciones pueden conservarse más fácilmente que otras. Con el paso de los aprendizajes, las regularidades que se transmiten bien pueden volverse más frecuentes.

Concretamente, los autores buscaron en los cantos distribuciones comparables a las ya medidas en el lenguaje humano y en las ballenas. Su análisis muestra que estructuras de este tipo emergen efectivamente en la señal aprendida. El resultado va así en el mismo sentido que los trabajos sobre las ballenas jorobadas, a pesar de la gran distancia evolutiva que separa a las aves, los cetáceos y los humanos.

Sin embargo, esta semejanza estadística no permite hablar de palabras o de gramática en el sentido humano. Un canto puede estar fuertemente estructurado sin codificar frases compuestas de significados distintos. La comparación se refiere, por tanto, a la organización de la señal y a su transmisión, no al contenido mental asociado a cada sonido.

El resultado interesa sobre todo al estudio de la evolución cultural. Si propiedades análogas aparecen en varios linajes animales donde las vocalizaciones se aprenden socialmente, podrían ser una consecuencia general de la transmisión repetida. Esta hipótesis puede ahora probarse en otras especies que aprenden sus señales y luego compararse con especies cuyas vocalizaciones son principalmente innatas.

El siguiente paso consiste precisamente en determinar hasta dónde se generaliza esta regla. Los investigadores pueden ahora buscar las mismas firmas estadísticas en diferentes sistemas vocales aprendidos y comprobar si desaparecen cuando la transmisión cultural desempeña un papel mucho más débil.