Fósiles de unos 150.000 años han dado un rostro a una población humana que durante mucho tiempo siguió siendo misteriosa.
Los denisovanos son parientes cercanos de los neandertales y de nuestra propia especie. Ya conocíamos su existencia gracias al ADN extraído de algunos restos descubiertos en Asia. Pero los investigadores disponían de muy pocos huesos identificados con certeza para saber qué aspecto tenían.

Localizaciones geográficas, fósiles originales y reconstrucciones virtuales.
En China, el yacimiento de Xujiayao proporcionó fragmentos de cráneos, dientes y una mandíbula. Tienen entre 199.000 y 138.000 años. Desde su descubrimiento, estos fósiles planteaban una pregunta: ¿a qué rama de la familia humana pertenecían?
Un equipo internacional encontró la respuesta al estudiar las proteínas conservadas en dos huesos. Estas moléculas, que forman, entre otras cosas, nuestros tejidos, pueden dejar rastros mucho después de la desaparición del ADN. Algunas diferencias en su composición permiten reconocer los vínculos entre poblaciones antiguas.
Los científicos encontraron 18 proteínas antiguas. Una de ellas, el colágeno, presentaba una particularidad ya observada en los denisovanos, pero no en los neandertales ni en los humanos actuales. Para los investigadores, es un indicio muy sólido: los fósiles de Xujiayao pertenecen al linaje denisovano.

Perfil del cráneo de Harbin, fósil humano descubierto en el noreste de China y vinculado a los denisovanos.
Ilustración: Clumsystiggy, vía Wikimedia Commons.
El interés va mucho más allá de esta identificación. A diferencia de los primeros restos conocidos de estos humanos, los huesos de Xujiayao permiten reconstruir una gran parte de un cráneo. Los investigadores los compararon con otros fósiles de Asia, incluido el cráneo de Harbin, también vinculado a los denisovanos.
El retrato que emerge es el de humanos con un cráneo más bien bajo, huesos gruesos y arcos superciliares marcados. Su rostro era relativamente plano, sin una mandíbula muy proyectada hacia delante. Sin embargo, existían diferencias entre individuos, y no todos estos rasgos estaban necesariamente presentes en cada uno.
El estudio también lleva a los científicos a proponer una nueva identificación para varios otros fósiles chinos. Sus semejanzas podrían indicar que pertenecían al mismo linaje. No obstante, esta parte de su trabajo sigue basándose en la comparación de los huesos, sin pruebas moleculares para cada fósil.
Estas proteínas antiguas permiten ahora vincular huesos con una población conocida y hacerse una idea mucho más concreta del aspecto de estos parientes desaparecidos.