🍯 Las frutas y la miel habrían construido el cerebro humano

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El cerebro humano consume mucha energía, y un nuevo análisis propone que parte de este gasto fue posible gracias a alimentos naturalmente ricos en azúcares. Las frutas, la miel y luego los almidones cocidos habrían proporcionado progresivamente más glucosa a los homininos durante los últimos cuatro millones de años.

El punto de partida es simple: el cerebro utiliza principalmente glucosa como combustible. Su tamaño aumentó considerablemente durante la evolución humana. Los autores buscaron, por tanto, qué fuentes alimentarias podían proporcionar esta energía con regularidad suficiente en diferentes períodos, sin suponer que un solo tipo de alimento lo explica todo.

Su trabajo se basa en un modelo que reconstruye los posibles aportes de azúcares y almidón según los entornos, los alimentos disponibles y las transformaciones técnicas surgidas con el tiempo. El almidón es un carbohidrato presente especialmente en raíces, tubérculos y semillas. Una vez digerido, también aporta glucosa.

Los primeros homininos se habrían beneficiado sobre todo de los azúcares presentes de forma natural en las frutas. La miel, muy concentrada en carbohidratos, habría representado después un recurso especialmente energético cuando estaba disponible.

Un cambio adicional aparece con la cocción. Calentar los alimentos ricos en almidón hace que este sea más fácil de digerir. Esto aumenta la cantidad de energía recuperable y reduce el esfuerzo necesario para masticar y luego transformar ciertos vegetales. En este contexto, el dominio del fuego habría reforzado una tendencia ya iniciada mucho antes.

El análisis también sitúa el consumo de carne en un conjunto más amplio. Los productos animales aportan proteínas y lípidos, pero no constituyen una fuente directa importante de glucosa. Los autores estiman, por tanto, que los carbohidratos pudieron desempeñar un papel energético más central de lo que se pensaba en el aumento del tamaño cerebral.

El estudio no presenta el azúcar moderno como beneficioso sin límite. Las frutas enteras, la miel ocasional y los vegetales ricos en almidón no se corresponden con las grandes cantidades de azúcares refinados disponibles hoy en día.

El modelo sigue siendo una reconstrucción de dietas antiguas, y no una medición directa de lo que comía cada población. El siguiente paso consiste en contrastar más estas estimaciones con los indicios arqueológicos, los rastros de desgaste dental, los residuos alimentarios y los datos sobre los entornos frecuentados por las distintas especies humanas.

VI
vieuxcrabe

Cuando yo era niño, mi abuelo siempre guardaba un tarro de miel de sus colmenas para los días de trabajo al aire libre. Lo veíamos sobre todo como un buen impulso de energía. Es curioso pensar que nuestros ancestros lejanos quizás ya habían encontrado el truco.