Una parte de nuestra musculatura podría conservar aún el rastro de encuentros de hace varias decenas de miles de años. Una versión neandertal de un receptor relacionado con el crecimiento sigue presente en algunos humanos, sobre todo en Asia, y se asocia a una mayor masa muscular.
El receptor estudiado aquí capta la hormona del crecimiento. Una vez recibido el mensaje, desencadena varias reacciones que participan en el desarrollo de los tejidos, en el metabolismo y en el mantenimiento de los músculos.

© Neanderthal Museum, Mettmann, Alemania, CC BY 4.0
La particularidad proviene de su origen. Esta versión del receptor se transmitió durante los mestizajes entre Homo sapiens y neandertales. Estos últimos desaparecieron hace unos 40 000 años, pero una parte de su ADN circula todavía en las poblaciones humanas actuales.
¿Qué cambia realmente esta variante? En el laboratorio, las células que la portan transmiten con más fuerza la señal de la hormona del crecimiento. En otras palabras, la célula no recibe un mensaje diferente, pero parece responder con mayor intensidad.
Esto no convierte, evidentemente, a cada portador en atleta. La fuerza y la silueta dependen de numerosos factores: actividad física, alimentación, edad, sexo y el conjunto del patrimonio genético. Aquí, los investigadores observan una asociación promedio, no una regla válida para cada persona.
Sin embargo, los datos estudiados apuntan en la misma dirección. Las personas portadoras presentan, en promedio, una mayor masa magra, una medida que comprende principalmente los músculos.
Podría pensarse que semejante herencia pertenece solo a la historia antigua. Sin embargo, todavía actúa sobre una función muy concreta del cuerpo humano. Otros fragmentos neandertales ya están relacionados con la inmunidad o con ciertas características físicas; este último concierne directamente al modo en que las células responden a una hormona.
En los entornos del pasado, una musculatura algo más desarrollada quizá ayudó a soportar esfuerzos o a preservar la fuerza. Los autores se muestran prudentes al respecto. Una posible ventaja en otro tiempo no se vuelve automáticamente beneficiosa en una vida moderna, a menudo más sedentaria.
Ahora queda medir el efecto con más precisión. Las próximas investigaciones deberán comparar las edades, las poblaciones y los niveles de actividad, y luego determinar si esta variante influye también en el metabolismo o en ciertos riesgos médicos.