Un pequeño primate venenoso que los científicos creían extinto todavía vive en una isla de Indonesia.
Con sus enormes ojos redondos y sus movimientos muy lentos, el loris lento de Bangka pasa fácilmente desapercibido entre los árboles, sobre todo de noche. Esta especie vive en la isla de Bangka, al este de Sumatra. Desde la década de 1930, los científicos apenas contaban con registros publicados de su presencia.

Un loris lento de Borneo (Nycticebus menagensis), pariente cercano del loris de Bangka.
Fuente: Wikimedia Commons.
La situación parecía tan preocupante que la especie fue clasificada como en peligro crítico de extinción, con la mención «posiblemente extinta». Sin embargo, los habitantes de Bangka seguían encontrándola. Algunos la hallaban en su jardín, en una carretera o incluso sobre cables eléctricos.
Aún más revelador es que, desde 2015, el centro indonesio de protección animal Alobi recoge regularmente estos loris. Los habitantes o las autoridades avisan a los cuidadores cuando un animal está herido, perdido o en cautividad. Este trabajo proporcionó pruebas de su presencia que las publicaciones científicas todavía no habían tenido en cuenta.
Un equipo de investigadores reunió esta información en un estudio publicado en octubre de 2026. Entre 2015 y 2025, Alobi se hizo cargo de más de 90 loris de Bangka. De ellos, 86 pudieron recibir tratamiento y ser liberados posteriormente en siete zonas forestales de la isla.
Estas observaciones proceden de varias regiones de Bangka. Por tanto, el animal no está limitado a un único pequeño refugio conocido. Pero todavía nadie sabe cuántos loris viven realmente en la naturaleza ni si los grupos pueden encontrarse fácilmente entre los fragmentos de bosque que les quedan.
El loris de Bangka posee una característica poco común: es venenoso. Para defenderse, puede mezclar con su saliva una sustancia producida por unas glándulas situadas cerca de sus brazos. Su mordedura puede entonces provocar reacciones dolorosas, a veces peligrosas. A pesar de su aspecto entrañable, no es un animal que se deba manipular.
Su presencia en la isla no significa que esté a salvo. Las minas de estaño y las plantaciones de palma aceitera han hecho desaparecer gran parte de su hábitat. Las carreteras, las líneas eléctricas y el comercio ilegal de animales de compañía también representan amenazas.
Para los investigadores, la prioridad ahora es conocer el tamaño de las poblaciones y proteger los bosques que aún quedan disponibles. Esta historia recuerda sobre todo una cosa: una especie puede desaparecer de las publicaciones científicas sin haber abandonado nunca la vida cotidiana de los habitantes que conviven con ella.