Un pequeño mamífero que nadaba hace aproximadamente 120 millones de años poseía una particularidad casi desaparecida entre sus descendientes: algunos dientes podían reemplazarse varias veces.
El fósil descubierto en el noreste de China está notablemente completo. Los investigadores llamaron al animal Dongoconodon platycauda. Pertenecía a un antiguo grupo de mamíferos hoy desaparecido y presentaba varias adaptaciones a una vida desarrollada parcialmente en el agua.

Fotografía del esqueleto fósil de Dongoconodon platycauda y dibujo anotado de sus principales huesos. El espécimen procede del Cretácico inferior de China.
Fuente: Nature Communications, estudio doi:10.1038/s41467-026-77339-w, figura 1. Licencia CC BY 4.0.
Sus manos y pies estaban adaptados para nadar, probablemente con dedos unidos por piel. Su cola poseía vértebras aplanadas, una forma que recuerda a la de los animales acuáticos actuales que utilizan la cola para impulsarse o dirigirse.
Pero su dentición es aún más sorprendente. La mayoría de los mamíferos actuales solo producen dos generaciones de dientes: los dientes de leche y luego los dientes permanentes. En este fósil, varios alvéolos muestran indicios de una tercera generación, o incluso de más.
Este rasgo recuerda más a los reptiles, que pueden renovar sus dientes muchas veces. Los investigadores creen que esta capacidad pudo reaparecer en esta rama particular, quizá en relación con su alimentación carnívora.
Un diente roto probablemente suponía un problema grave para un depredador que debía atrapar presas duras o resbaladizas. Poder reemplazarlo ofrecía, por tanto, una ventaja. Sin embargo, esta interpretación sigue vinculada a la anatomía observada y deberá compararse con otros fósiles del mismo grupo.
El esqueleto también aporta información sobre la evolución del oído. En los antepasados lejanos de los mamíferos, varios huesecillos que hoy sirven para oír todavía formaban parte de la mandíbula. Su separación progresiva constituye una de las grandes transformaciones de este linaje.
En Dongoconodon, un elemento llamado cartílago de Meckel ya estaba casi separado de la mandíbula, pero conservaba un ligero contacto. Esta configuración respalda la idea de que la separación de la mandíbula se produjo antes del aislamiento completo de los pequeños huesos del oído medio.
Otros fósiles de mamíferos del Cretácico permitirán comprobar si el reemplazo múltiple de los dientes se limitaba a unas pocas especies adaptadas a modos de vida particulares. Análisis más detallados de su crecimiento también podrían mostrar cómo este sistema dental coexistía con un oído ya muy próximo al de los mamíferos modernos.