Las personas a las que pican con frecuencia no son necesariamente picadas por todas las especies de mosquitos. Un estudio realizado con 119 voluntarios muestra que cada especie prefiere perfiles humanos distintos. Esta variación depende en particular de los olores emitidos por la piel y de las bacterias que viven en ella.
Los investigadores compararon tres mosquitos capaces de transmitir enfermedades: Aedes aegypti, Aedes albopictus y Culex quinquefasciatus. Los participantes fueron evaluados en un olfatómetro, un dispositivo que mide la atracción de un insecto hacia una fuente de olor.

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Las tres especies no elegían a los voluntarios en el mismo orden de preferencia. Una persona muy atractiva para una podía dejar a otra especie casi indiferente. Este resultado contradice la idea de un «imán de mosquitos» válido en todas las situaciones.
Para entender estas preferencias, el equipo analizó las moléculas olorosas presentes en la piel. También estudió la microbiota cutánea, es decir, el conjunto de microorganismos que viven de forma natural en su superficie. Estas bacterias participan en la producción o transformación de numerosos olores corporales.
En Aedes aegypti y Culex quinquefasciatus, una fuerte atracción se asociaba con la ausencia, y no con la presencia, de ciertos olores. Los investigadores citan en particular alcoholes cíclicos y monoterpenos, una familia de moléculas que también producen numerosas plantas.
Aedes albopictus, a menudo llamado mosquito tigre, presentaba un perfil diferente. Su atracción estaba relacionada con la presencia de ciertas cetonas, compuestos orgánicos que pueden contribuir al olor de la piel. El estudio muestra, por tanto, que las mismas moléculas no actúan de forma idéntica sobre cada especie.
También apareció una diferencia relacionada con el sexo de los voluntarios en Aedes aegypti. Esta especie se sentía más atraída por los hombres que por las mujeres en las condiciones de la prueba. No se observó ningún efecto comparable en las otras dos especies estudiadas.

El olor humano forma una mezcla de numerosos compuestos, cuyas proporciones varían entre individuos. Los mosquitos también utilizan otras señales, como el dióxido de carbono exhalado, el calor y la humedad.
Estos resultados podrían ayudar a diseñar repelentes o trampas adaptadas a una especie concreta.