Unos investigadores austríacos han construido un edificio cuyos muros de ladrillo pueden desmontarse, transportarse y volver a montarse sin ser destruidos.
El principio está dirigido especialmente a edificios utilizados durante solo 10 a 20 años, como algunos supermercados o locales comerciales. Sus ladrillos podrían seguir siendo utilizables mucho después de la demolición del edificio. Hoy en día, el mortero que une tradicionalmente los ladrillos suele dificultar su recuperación sin dañarlos.

El edificio experimental durante su primera construcción con los muros de ladrillo reutilizables.
Fuente: IBPSC – TU Graz, a través de New Atlas
Para evitar esta pérdida, el equipo de la Universidad Tecnológica de Graz trabajó con el fabricante Wienerberger. Desarrolló elementos de muro prefabricados en fábrica, ensamblados mediante uniones que pueden retirarse. De este modo, los muros pueden desmontarse casi por completo y reutilizarse después en otra construcción.
Esta posibilidad no debe lograrse a costa del rendimiento del edificio. Por ello, los investigadores diseñaron muros de 44 cm de grosor, con aislamiento integrado en los ladrillos. Los elementos también llegan ya revestidos desde la fábrica. Su estabilidad puede garantizarse mediante el peso del tejado o mediante varillas verticales tensadas que atraviesan los ladrillos.
En concreto, el equipo construyó un pequeño edificio de demostración para comprobar el sistema en condiciones realistas. Después lo desmontó y lo reconstruyó en otro lugar. Tras esta operación, los muros seguían en buen estado y el edificio continuaba siendo plenamente funcional. Las uniones también superaron los controles previstos, especialmente los relativos a la estanqueidad, el aislamiento y la estabilidad.

Un equipo reconstruye el edificio experimental después de desmontarlo por completo.
Fuente: IBPSC – TU Graz, a través de New Atlas

El edificio después de volver a montarlo: los muros seguían en buen estado.
Fuente: IBPSC – TU Graz, a través de New Atlas
El interés medioambiental se debe sobre todo a que fabricar ladrillos nuevos consume recursos y energía. Reutilizar directamente un muro evita, por tanto, parte de esta nueva producción. Según los cálculos presentados por el equipo, tres ciclos de uso reducirían aproximadamente un 60 % las emisiones de CO₂ en comparación con una construcción convencional similar. Esta estimación se refiere a varios usos sucesivos de los mismos elementos.
Queda por saber cómo envejecerán realmente estos muros después de una o dos décadas. Los investigadores prevén controlar su estado mediante vibraciones. Cada muro tiene unas frecuencias a las que vibra de forma natural. Una modificación de estas frecuencias con el paso de los años puede revelar una evolución de su capacidad para soportar cargas, sin tener que dañarlo para probarlo.
Por tanto, el proyecto no consiste únicamente en recuperar ladrillos después de una demolición. Busca conservar paneles de muro prefabricados durante el tiempo suficiente para que sirvan en varios edificios sucesivos. Este enfoque también podría mantener el valor económico de los elementos cuando el primer edificio llegue al final de su vida útil.
El sistema ya ha superado la etapa del edificio de demostración, pero su comportamiento después de 10 o 20 años aún debe confirmarse. Este seguimiento debe determinar si unos muros que hayan envejecido realmente pueden desmontarse, revisarse y volver a utilizarse con las mismas garantías de funcionamiento.