Bajo la superficie del mar, diminutos grupos de materia descienden lentamente hacia el fondo. Reúnen, entre otras cosas, restos de plancton y otras materias orgánicas. Los científicos los llaman «nieve marina». Al caer, estos copos transportan carbono que puede permanecer alejado de la atmósfera durante mucho tiempo.
Pero no todos alcanzan las mismas profundidades. Las bacterias se alimentan de ellos durante el descenso. Algunos grupos se desintegran rápidamente, mientras que otros permanecen intactos durante mucho más tiempo. ¿Por qué existe esta diferencia?

Partículas de nieve marina que caen en la columna de agua. Transportan materia orgánica desde las capas superiores hacia las profundidades.
Fuente: Wikimedia Commons.
Unos investigadores californianos descubrieron que su consistencia desempeña un papel importante. Algunos copos son bastante fluidos, mientras que otros forman una materia muy espesa, parecida a una gelatina. Gracias a un microscopio y a moléculas fluorescentes, el equipo observó cómo las bacterias colonizan su superficie y avanzan hacia el interior.
Los microbios penetran fácilmente en las regiones menos viscosas. En cambio, las partes más pegajosas los ralentizan: primero deben descomponer la materia para avanzar. Estos grupos espesos resisten mejor la degradación, lo que les deja más tiempo para descender hacia los abismos.
Para comprender las consecuencias de este fenómeno, los investigadores combinaron sus experimentos con simulaciones. Sus resultados indican que las partículas muy viscosas podrían transportar hacia las profundidades más de seis veces más carbono que las menos viscosas.
Esta cifra sigue siendo una estimación basada en experimentos y cálculos. Pero muestra que un detalle largamente ignorado podría modificar nuestra comprensión del ciclo del carbono.
Los océanos participan de forma natural en el almacenamiento del carbono. Cuando desciende a gran profundidad, una parte puede permanecer allí durante siglos. Para estimar mejor esta cantidad, los científicos tendrán que considerar en adelante no solo el tamaño y la velocidad de caída de los copos, sino también su consistencia.