El polvo que flota entre las estrellas parece casi insignificante. Sin embargo, contiene una parte de los ingredientes químicos que precedieron a la formación de los planetas. En Sídney, un equipo ha logrado fabricar un análogo en laboratorio para comprender mejor su historia.
El experimento recrea ciertas condiciones extremas que se encuentran alrededor de estrellas envejecidas, supernovas o en las vastas nubes interestelares. Es allí donde se forman muchas partículas ricas en carbono.

El polvo cósmico carbonoso se forma cuando pequeñas moléculas se ensamblan progresivamente, y luego se agregan en partículas. El proceso varía según la distancia a la estrella, la temperatura y el bombardeo iónico.
Los investigadores primero extrajeron la mayor parte del aire de un tubo de vidrio. Luego introdujeron nitrógeno, dióxido de carbono y acetileno. Un alto voltaje eléctrico transformó esta mezcla gaseosa en plasma.
En este plasma, las moléculas se rompen y luego se recombinan. Poco a poco, forman estructuras más complejas que se depositan como partículas finas. El resultado se asemeja a un polvo carbonoso, similar al observado en el espacio.
Esta materia contiene carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Estos cuatro elementos, a menudo designados por el acrónimo CHON, forman parte de la composición de muchas moléculas orgánicas. No constituyen la vida, pero representan importantes componentes químicos.
El punto más interesante se encuentra en la luz infrarroja. Cada material posee una firma particular en esta parte invisible del espectro luminoso. El polvo creado en laboratorio produce señales cercanas a las detectadas alrededor de ciertas estrellas.
Esta similitud proporciona a los astrónomos una herramienta valiosa. En lugar de esperar la llegada de un meteorito o el regreso de una misión espacial, pueden probar hipótesis directamente en la Tierra.
El trabajo aún no permite rastrear el origen de cada grano encontrado en un meteorito. Sin embargo, debería ayudar a distinguir los efectos de la temperatura y de las partículas energéticas. Estos dos factores moldean los polvos a lo largo de su viaje cósmico.