🦖 ¿Rastros de sangre de dinosaurio de 115 millones de años?

Un hueso de dinosaurio habría conservado un rastro de su sangre durante 115 millones de años.

El descubrimiento se refiere a Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio carnívoro que vivía en el actual Brasil. Medía unos 3 metros de largo y caminaba sobre dos patas. Unos investigadores examinaron huesos de sus extremidades, encontrados en el noreste del país. En su interior, identificaron formas diminutas, allí donde antiguamente pasaban pequeños vasos sanguíneos.

Reconstrucción artística de Aratasaurus museunacionali, dinosaurio carnívoro del Cretácico descubierto en Brasil.

Reconstrucción artística de Aratasaurus museunacionali, dinosaurio carnívoro del Cretácico descubierto en Brasil.
Ilustración: Maurilio Oliveira — CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Estas formas ovaladas se parecen a glóbulos rojos, las células que transportan el oxígeno en la sangre. Pero su apariencia no basta para establecer su origen. A lo largo de millones de años, los minerales pueden reemplazar los tejidos y producir estructuras engañosas. Por ello, el equipo buscó indicios químicos en el mismo lugar.

Los análisis revelaron rastros de grupo hemo. Esta sustancia que contiene hierro forma parte de la hemoglobina, que permite a la sangre transportar oxígeno. Los investigadores detectaron estos rastros en el interior de las pequeñas estructuras observadas en el hueso. Esta asociación entre forma y composición refuerza la hipótesis de que se trata de antiguos glóbulos rojos.

Para comprobar que estas sustancias no procedían simplemente del suelo, los científicos también analizaron las rocas alrededor del fósil. Encontraron en ellas firmas químicas diferentes. También se utilizaron varios métodos de observación para examinar las formas y los elementos presentes. Estos resultados hacen menos probable una contaminación, aunque no la descartan por completo.

¿Cómo habrían atravesado tanto tiempo unos rastros semejantes? Tras la muerte del animal, unos depósitos ricos en microbios habrían cubierto sus restos. Después, los minerales habrían ocupado el lugar de algunas partes de las células, conservando su forma. Las moléculas asociadas a la sangre también habrían sobrevivido.

Sin embargo, no todos los especialistas están convencidos. La paleontóloga Mary Schweitzer señala que las formas observadas no presentan algunos rasgos esperados de los glóbulos rojos de los reptiles y las aves. En estos animales, estas células poseen, entre otras cosas, un núcleo, ausente en los glóbulos rojos humanos. La presencia de rastros químicos sigue siendo interesante, pero su asociación con células verdaderas requiere confirmación.

Ya está en marcha un experimento en Australia para poner a prueba esta hipótesis. Unos investigadores estudian si los tapetes de microbios, similares a los presentes en ciertos entornos costeros, pueden favorecer la fosilización de la sangre. El resultado podría ayudar a comprender las condiciones que permitieron conservar estos rastros antiguos.