🌋 Un impacto inesperado en las poblaciones humanas de una erupción gigantesca

Una gigantesca erupción volcánica transformó Japón hace 7.300 años. Sin embargo, algunas poblaciones vecinas siguieron creciendo.

En aquella época, las comunidades vivían de la caza, la pesca y la recolección en las islas japonesas. Entonces, el volcán Kikai, al sur del archipiélago, entró en erupción con una violencia excepcional. Enormes cantidades de ceniza cubrieron las tierras, transformando los paisajes y privando a muchos habitantes de sus recursos habituales.

Mapa de la caída de cenizas de la erupción de Akahoya, originada en la caldera de Kikai, al sur de Japón, hace aproximadamente 7.300 años.

Mapa de la caída de cenizas de la erupción de Akahoya, originada en la caldera de Kikai, al sur de Japón, hace aproximadamente 7.300 años. Las curvas indican, entre otros valores, espesores de 20 y 30 cm.
Mapa: Hugo Lopez (Yug), modificación de Pekachu, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.
Imagen de Wikimedia

Podría pensarse que una catástrofe semejante provocó el mismo colapso en todas partes. En el sur de la isla de Kyushu, cerca del volcán, las poblaciones disminuyeron considerablemente, como era lógico. Pero más al norte, algunas comunidades continuaron desarrollándose.

¿Cómo encontrar el rastro de personas que vivieron hace varios milenios? Los investigadores estudiaron las dataciones obtenidas a partir de restos arqueológicos, especialmente mediante el carbono 14. Cuando una región ofrece más vestigios de ocupación durante un periodo determinado, esto puede indicar que estaba más poblada.

El método requiere precauciones: algunas regiones han sido excavadas más que otras. Por ello, un equipo internacional diseñó un modelo estadístico capaz de tener en cuenta estas diferencias, al tiempo que comparaba la evolución demográfica y el espesor de los depósitos de ceniza.

Los resultados muestran que las consecuencias de la erupción variaron mucho según los territorios. En el sur de Kyushu, las condiciones de vida se deterioraron bruscamente. En el norte, en cambio, las poblaciones pudieron seguir creciendo pese a los cambios.

¿Por qué existía semejante diferencia? Es posible que habitantes de las regiones más afectadas se trasladaran a territorios menos perjudicados. Otras comunidades pudieron adaptar sus costumbres para encontrar alimento. Los investigadores contemplan estas explicaciones, pero los restos no permiten seguir directamente los desplazamientos de las familias.

El estudio también muestra que la influencia de la erupción no se limitó a las tierras cubiertas de ceniza. En algunas regiones más alejadas de Japón, el crecimiento de las poblaciones parece haberse ralentizado. Por tanto, una catástrofe puede modificar la vida de comunidades muy distintas, incluso a gran distancia.

Estos resultados muestran sobre todo que, ante un mismo acontecimiento, las poblaciones humanas pueden seguir trayectorias muy diferentes según las condiciones locales y sus posibilidades de adaptación.