Siete de los nueve grandes indicadores utilizados para seguir el estado del planeta ya han sido superados, y ninguno de los siete está mejorando.
Estos indicadores se denominan «límites planetarios». Sirven para seguir nueve grandes mecanismos naturales de los que depende la estabilidad de la Tierra. El principio es sencillo: para cada uno, los científicos definen una zona en la que los riesgos siguen siendo relativamente bajos.

La Tierra.
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El balance de 2026 fue elaborado por más de 60 científicos. Examina especialmente el clima, el agua dulce, los bosques, los océanos y la diversidad de los seres vivos. Según esta evaluación, siete de los nueve límites se encuentran ahora fuera de la zona considerada segura. Peor aún: todos alcanzan su nivel de superación más alto registrado desde el inicio de este seguimiento.
El cambio climático forma parte de estos siete límites. Los demás se refieren al estado de los seres vivos, el uso de las tierras, el agua dulce y los ciclos naturales de ciertos elementos químicos. La contaminación por nuevas sustancias también está incluida. La acidificación de los océanos, relacionada especialmente con la absorción de CO₂, se sumó a esta lista en 2025.
Para comprender el interés de este cuadro, hay que observar sobre todo las relaciones entre estos fenómenos. Un bosque degradado puede absorber menos CO₂. El aumento de las temperaturas puede favorecer las sequías y los incendios, que a su vez reducen esta capacidad de absorción. Por tanto, los distintos indicadores no funcionan de forma independiente.
Sin embargo, dos límites han evolucionado en una dirección más favorable durante la última década. La capa de ozono estratosférico continúa recuperándose. La cantidad global de partículas en suspensión en la atmósfera también ha disminuido. No obstante, en el caso de estas últimas, el balance mundial puede ocultar niveles todavía demasiado elevados en algunas regiones.
El informe de 2026 presta especial atención a los sumideros naturales de carbono. Actualmente, los vegetales y los suelos retienen una parte del CO₂ emitido por las actividades humanas. Pero el calor, las sequías, los incendios y la degradación de los entornos pueden reducir esta absorción. Algunos ecosistemas incluso pueden liberar temporalmente más carbono del que capturan.
El próximo desafío consiste, por tanto, en medir mejor la resistencia de estos sumideros de carbono. Los modelos climáticos cuentan con su capacidad para seguir absorbiendo una parte de las emisiones. Las observaciones recientes permitirán comprobar si esta contribución sigue siendo tan duradera como se esperaba cuando aumentan las temperaturas y se multiplican los fenómenos extremos.