Nuestros sueños no reproducen simplemente los acontecimientos del día. Mezclan lo que acabamos de vivir, recuerdos más antiguos, nuestras emociones y ciertos hábitos personales.
Un estudio realizado sobre varios miles de relatos muestra que dos personas pueden soñar de manera muy diferente, incluso después de experiencias parecidas. El contenido depende, por tanto, de lo vivido recientemente, pero también de la forma habitual de pensar, imaginar o reaccionar.

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Los investigadores estudiaron 3 366 relatos proporcionados por 207 adultos entre 2020 y 2024. Los participantes describían sus sueños, así como algunas experiencias vividas mientras estaban despiertos. También completaron cuestionarios sobre su sueño, su personalidad y su funcionamiento mental.
El equipo comparó después los textos. Buscó elementos sencillos, como la presencia de emociones, personajes, lugares o acontecimientos inusuales. Herramientas informáticas ayudaron a clasificar los relatos, y luego los investigadores verificaron las tendencias con análisis estadísticos.
Los sueños se distinguían con bastante claridad de los recuerdos contados en estado de vigilia. Contenían más imágenes, desplazamientos, personajes y situaciones extrañas. En cambio, comprendían menos explicaciones lógicas o razonamientos detallados.
Los acontecimientos recientes influían claramente en el contenido. Los períodos de confinamiento, por ejemplo, modificaron algunos temas relatados. Sin embargo, los sueños no reproducían fielmente la realidad. El cerebro parecía retomar elementos familiares y luego mezclarlos en escenas nuevas o incoherentes.
También aparecían diferencias regulares entre los participantes. Las personas que a menudo dejaban vagar su mente contaban sueños más cambiantes y menos estructurados. Las que daban mucha importancia a sus sueños describían generalmente relatos más ricos y detallados.
Estos resultados muestran solamente vínculos estadísticos. No permiten adivinar de antemano lo que una persona va a soñar. Tampoco demuestran que la personalidad controle directamente el contenido de los sueños.
El estudio se basa, por último, en recuerdos contados después del despertar. Algunos detalles pueden, por tanto, olvidarse o modificarse. Los investigadores quieren ahora comparar estos relatos con mediciones de la actividad cerebral durante el sueño, para comprender mejor cómo se forman las escenas.