Un agujero casi perfectamente redondo en un hueso de 75 000 años podría contar los últimos instantes de un neandertal.
El descubrimiento procede de la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí. Este lugar es conocido por sus restos humanos prehistóricos, encontrados en una misma zona a lo largo de las excavaciones. Los investigadores identificaron allí a un nuevo individuo, llamado Shanidar A, cuyo esqueleto estaba parcialmente conservado bajo varios metros de sedimentos.

Fotografías del omóplato y las costillas atribuidos a Shanidar A; el omóplato presenta una perforación.
Fuente: Pomeroy et al., Scientific Reports (2026), figura 5, CC BY 4.0.
Fue su omóplato izquierdo el que llamó la atención. Este hueso plano, situado detrás del hombro, presenta una perforación circular de unos 15 milímetros. Pequeñas fracturas parten del agujero, como si un objeto hubiera atravesado el hueso. Para los investigadores, esta lesión se habría producido alrededor del momento de la muerte.
La forma del agujero proporciona una pista sobre el objeto que lo habría provocado. Una punta de piedra suele dejar una incisión más angular. En este caso, la perforación se corresponde más con la que podría producir una lanza de madera, dotada de un extremo redondeado y puntiagudo. La propia lanza no fue encontrada.
Si esta explicación es correcta, el arma habría llegado desde la parte frontal del cuerpo y podría haber alcanzado órganos vitales. Por tanto, el estudio sugiere una herida mortal. Pero no permite saber qué ocurrió realmente: tanto un accidente durante una cacería como un acto de violencia siguen siendo posibles.
El esqueleto también cuenta un episodio mucho más antiguo. Varios dientes delanteros presentan señales de un grave traumatismo facial. Sin embargo, sus modificaciones posteriores muestran que Shanidar A sobrevivió mucho tiempo a esa lesión, al menos lo suficiente para seguir utilizando los dientes a pesar de los daños.
Una lesión así probablemente debía dificultar la alimentación. Por eso, los investigadores creen que este individuo pudo recibir ayuda de sus allegados para alimentarse o recuperarse. Es una posibilidad, no una prueba directa de cuidados organizados. No obstante, recuerda que los neandertales vivían en grupos sociales.
Shanidar A se encontraba cerca de los restos de otros cuatro neandertales. Su agrupamiento podría indicar que los cuerpos fueron depositados deliberadamente en esta parte de la cueva, en distintos momentos. Después, las aguas desplazaron algunos huesos, lo que dificulta la reconstrucción de la escena.
Aunque estos vestigios no permiten contar con certeza cómo murió Shanidar A, reúnen tres indicios poco frecuentes en una misma historia: una antigua lesión superada, un posible golpe de lanza mortal y un cuerpo encontrado junto a otros. Todos estos elementos arrojan luz sobre la vida, los peligros y las relaciones sociales de nuestros parientes prehistóricos más cercanos.