Las comidas en familia a menudo son una fuente de estrés. Sin embargo, los niños que son difíciles a la hora de comer tal vez no sean caprichosos. Un reciente estudio propone una explicación inesperada.
Los gustos alimentarios de los niños serían en gran parte dictados por su ADN. Esto trastorna la idea de que la educación es la principal causa de este comportamiento.

Investigadores del University College London realizaron un estudio con 2400 pares de gemelos. Sus resultados muestran que la genética explicaría hasta el 60 % de los comportamientos alimentarios desde los 16 meses de edad. Esta proporción aumenta con la edad, alcanzando el 74 % en la adolescencia.
Al estudiar gemelos idénticos (monocigóticos: que tienen el mismo patrimonio genético) y no idénticos (dicigóticos: que comparten la mitad de su ADN), observaron que quienes compartían los mismos genes mostraban comportamientos alimentarios similares, mientras que los otros tendían a mostrar menos estas conductas. Así, la sensibilidad a los sabores y las texturas sería innata más que aprendida.
Sin embargo, no se debe descuidar el entorno social. Los hábitos familiares y las comidas compartidas también influyen en los niños pequeños. Después de los 7 años, son principalmente los amigos quienes toman el relevo en la construcción de los hábitos alimentarios.
La autora principal del estudio, Zeynep Nas, espera que estos descubrimientos alivien la presión que sienten los padres. No deben sentirse culpables, ya que la selectividad alimentaria no es el resultado de su crianza. Aun así, los investigadores aclaran que la genética no es inmutable. Aunque algunos comportamientos son innatos, es posible fomentar una alimentación variada, especialmente durante los primeros años de vida.
Alison Fildes, coautora del estudio, anima a los padres a perseverar en sus esfuerzos por diversificar la alimentación de sus hijos. El apoyo familiar sigue siendo esencial, incluso cuando las influencias externas se vuelven más predominantes.
¿Por qué la genética influye en los comportamientos alimentarios?
La genética juega un papel clave en las preferencias alimentarias al influir en la forma en que nuestro cerebro percibe los sabores y las texturas. Las variaciones genéticas modifican la sensibilidad a los sabores, lo que explica por qué algunos alimentos, como el brócoli, son rechazados por algunos niños.
Estas variaciones afectan a los receptores del gusto y el olfato, pero sobre todo la manera en que el cerebro reacciona a los diferentes sabores. Esto puede explicar por qué algunos niños son más selectivos y menos propensos a probar nuevos alimentos.