La dieta cetogénica, muy rica en grasas y baja en carbohidratos, podría favorecer el crecimiento de tumores del intestino delgado. Esto es lo que sugiere un estudio realizado en ratones genéticamente predispuestos al cáncer intestinal.
La dieta cetogénica empuja al organismo a utilizar las grasas en lugar de la glucosa como fuente principal de energía. Esta transición produce moléculas llamadas cuerpos cetónicos. La dieta fue diseñada inicialmente en la década de 1920 para tratar ciertas epilepsias, y ahora también se sigue para perder peso o reducir la ingesta de carbohidratos.

Los investigadores del MIT compararon tres grupos de ratones predispuestos a tumores intestinales. Algunos recibían una alimentación cetogénica, otros una dieta de control. Un tercer grupo seguía una alimentación rica en grasas y calorías. Los ratones con dieta cetogénica desarrollaron más tumores del intestino delgado que los del grupo de control.
Los cuerpos cetónicos no parecen ser responsables de la aceleración de los tumores. Los investigadores identificaron más bien el papel de la oxidación de los ácidos grasos, un mecanismo celular que transforma los lípidos alimentarios en energía. Esta vía activa proteínas llamadas PPAR. Estas estimulan entonces la multiplicación de las células madre del intestino.
Estas células madre son indispensables para la renovación de la pared intestinal. Permiten, en particular, reparar el tejido después de una lesión o infección. Sin embargo, una actividad excesiva aumenta el número de divisiones celulares. En animales ya predispuestos, esta situación incrementa por tanto la probabilidad de que surjan células tumorales.
El estudio también destaca un contraste sorprendente. La misma dieta cetogénica limitó el desarrollo de tumores en el colon de los ratones. El intestino delgado y el colon, aunque vecinos, no responden por tanto de la misma manera a una alimentación rica en grasas. Los investigadores quieren ahora comprender el origen de esta diferencia entre dos segmentos del tubo digestivo.