🦷 ¿El agua con gas es realmente mala para los dientes?

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El agua con gas natural parece mucho menos agresiva para los dientes que un refresco azucarado.

Un pequeño estudio presentado en el congreso NUTRITION 2026 muestra que aumenta brevemente la acidez de la boca, sin alcanzar el umbral generalmente asociado con la disolución del esmalte. No obstante, estos resultados siguen siendo preliminares.

El esmalte es la capa mineral que protege la superficie de los dientes. Puede comenzar a desmineralizarse cuando el pH bucal desciende por debajo de aproximadamente 5,5. Cuanto más fuerte y prolongada sea esta caída, mayor es el riesgo de erosión, sobre todo cuando las exposiciones ácidas se repiten a lo largo del día.

Imagen de ilustración Unsplash

Los investigadores compararon cuatro bebidas en 20 adultos: agua sin gas, agua con gas natural, agua con gas enriquecida con calcio y un refresco azucarado. Midieron el pH de la saliva antes del consumo y en varios momentos después de cada bebida, para observar la duración de la acidificación.

El refresco provocó la caída más marcada y más duradera. El agua con gas también redujo temporalmente el pH, porque el dióxido de carbono disuelto forma un poco de ácido carbónico. Sin embargo, la saliva devolvió rápidamente la acidez a su nivel inicial, sin pasar por debajo del umbral de 5,5 en este experimento.

Esto no significa que todas las aguas con gas sean iguales. Las versiones aromatizadas pueden contener ácido cítrico, jugos u otros ingredientes más agresivos para el esmalte. El azúcar añade un segundo mecanismo: las bacterias bucales lo transforman en ácidos, lo que prolonga aún más la exposición de los dientes.

El calcio añadido no transformó radicalmente los resultados observados. Esta línea de investigación sigue siendo interesante, porque el calcio participa en el equilibrio mineral del esmalte. El estudio no midió directamente una pérdida de tejido dental. Solo siguió la acidez de la saliva, que constituye un indicador indirecto del riesgo.

El número limitado de participantes también impide generalizar estos resultados a toda la población. La cantidad y la composición de la saliva varían según las personas. La higiene bucal, la alimentación, la frecuencia de consumo y el uso de flúor también modifican la capacidad de la boca para neutralizar los ácidos.

Para un uso habitual, un agua con gas natural consumida con moderación parece, por tanto, menos preocupante que un refresco. El riesgo aumenta sobre todo cuando una bebida ácida se bebe a sorbos durante varias horas. Harán falta estudios más largos para comprobar si esta breve acidificación produce realmente efectos medibles en el esmalte.