Hace aproximadamente 800 millones de años, una colisión en el cinturón principal de asteroides podría haber desencadenado una lluvia de escombros hacia la Tierra, Marte y la Luna. Los investigadores proponen este escenario para explicar una concentración inusual de impactos y cambios globales.
El evento estaría relacionado con la desintegración de un antiguo cuerpo progenitor de la familia de asteroides Eulalia. Esta colisión habría producido numerosos fragmentos ricos en carbono. Una parte de ellos habría sido desplazada lentamente hacia una zona orbital inestable.

Los investigadores utilizaron modelos numéricos para rastrear la evolución de estos fragmentos. Su simulación tiene en cuenta la gravedad de los planetas, pero también el efecto Yarkovsky. Este fenómeno modifica progresivamente la órbita de un pequeño asteroide bajo el efecto del calor recibido y reemitido.
Según los cálculos, aproximadamente tres cuartas partes de los fragmentos habrían terminado alcanzando una resonancia con Júpiter. Esta configuración habría favorecido su desplazamiento hacia la región ocupada por los planetas interiores. Entonces se habría producido un bombardeo durante un período de hasta 150 millones de años.
La Luna proporciona las pistas más visibles. Varios estudios ya han indicado un aumento importante de los impactos lunares alrededor de esa época. La edad de algunos cráteres y de vidrios producidos por impactos corresponde a ese período.
El modelo relaciona especialmente el evento con la formación del cráter Copérnico, aunque esta interpretación deberá ser contrastada con otros datos.
En la Tierra, el período coincide con importantes cambios en la biosfera. Es posible que algunos impactos hayan perturbado el clima o los ecosistemas, pero el vínculo sigue siendo difícil de demostrar. La erosión y la tectónica han borrado la mayoría de los cráteres terrestres antiguos.
Marte también podría haber sufrido consecuencias. Los autores indican que los impactos quizás contribuyeron a una fase de actividad volcánica.
Este estudio muestra que una colisión en el cinturón de asteroides puede influir en la historia de varios planetas. Las futuras misiones lunares y marcianas podrían proporcionar muestras adicionales para verificar si esta lluvia de escombros realmente afectó al Sistema solar interno.