Un agujero negro supermasivo alejado del centro de su galaxia ha sido detectado gracias a la destrucción de una estrella. Esta observación proporciona una pista directa sobre una población de objetos durante mucho tiempo supuesta, pero difícil de detectar. El fenómeno se manifestó por una brusca emisión de luz y rayos X.
El evento, denominado AT2024tvd, corresponde a una ruptura por efecto de marea. Una estrella se acercó demasiado al agujero negro, y luego las fuerzas gravitacionales la estiraron y dislocaron. Parte de su materia formó un disco muy caliente, visible desde la Tierra.

Esta ilustración representa una ruptura por efecto de marea, un fenómeno que ocurre cuando una estrella pasa peligrosamente cerca de un agujero negro supermasivo. Los fragmentos de la estrella fundida se calientan al arremolinarse alrededor del agujero negro, creando un resplandor visible desde los confines del cosmos, mientras el agujero negro expulsa un chorro relativista al espacio.
Imagen NRAO/AUI/NSF/NASA
La particularidad de la señal proviene de su posición. El agujero negro se encuentra lejos del núcleo luminoso de su galaxia anfitriona, mientras que los agujeros negros supermasivos conocidos suelen ocupar las regiones centrales. Esta ubicación inusual fue confirmada gracias a varios observatorios, incluido el satélite Swift de la NASA.
Los investigadores estiman que el objeto posee aproximadamente un millón de masas solares. Podría no ser el agujero negro supermasivo de la galaxia observada, sino el de una pequeña galaxia absorbida. Durante esta fusión, las estrellas de la galaxia satélite habrían sido dispersadas, dejando que su agujero negro derivara en el halo galáctico.
Los agujeros negros errantes son difíciles de censar, porque no emiten casi nada cuando no absorben materia. La destrucción ocasional de una estrella actúa entonces como una señal temporal. Estos destellos permiten identificar objetos de otro modo invisibles y estimar su masa.

La galaxia WISEA J014656.04-152214.7, situada a unos 750 millones de años luz en la constelación de la Ballena, antes y después de que un evento de ruptura por efecto de marea fuera detectado en su borde exterior en noviembre de 2025.
La imagen de la izquierda fue tomada por el DESI (Dark Energy Spectroscopic Instrument) Legacy Survey y la de la derecha proviene del telescopio Lowell Discovery.
Imagen Telescopio Lowell Discovery / Legacy Survey / Robert Stein
Este descubrimiento podría mejorar los modelos que describen el crecimiento de las galaxias. Las simulaciones predicen que un gran número de agujeros negros descentrados subsisten después de fusiones sucesivas. Sin embargo, su abundancia real sigue siendo mal conocida, especialmente en galaxias lejanas o poco luminosas.
El futuro observatorio Vera C. Rubin debería detectar más eventos similares gracias a sus sondeos regulares del cielo. El telescopio espacial Nancy Grace Roman podrá luego buscar casos más lejanos. Estos instrumentos podrían transformar estas detecciones aisladas en un verdadero censo cósmico.