No todos los cantos de aves producen el mismo efecto en nuestros oídos, y algunas características sonoras parecen influir en nuestras preferencias.
Investigadores de la Universidad de Tubinga hicieron escuchar a 84 adultos vocalizaciones procedentes de 123 especies europeas. Las sesiones se desarrollaron en un laboratorio, en un entorno controlado. Cada participante debía evaluar hasta qué punto le resultaban agradables los sonidos escuchados.

Mirlo macho (Turdus merula), la especie cuyas vocalizaciones recibieron la mejor nota media en el estudio.
Foto: Andreas Trepte / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.
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A continuación, los investigadores compararon estas valoraciones con varias características medibles de las grabaciones. Estudiaron, en particular, la altura de los sonidos, su intensidad y la amplitud de las frecuencias utilizadas. Esta última corresponde a la diferencia entre los sonidos más graves y los más agudos presentes en una vocalización.
Los resultados muestran un perfil definido. Por lo general, los participantes preferían las vocalizaciones cuyas frecuencias bajas y dominantes eran relativamente elevadas. Una intensidad moderada y una gama de frecuencias más estrecha también se asociaban con mejores notas. Por tanto, la combinación cuenta más que una simple oposición entre cantos agudos y graves.
La variedad interna del canto también desempeña un papel. Las vocalizaciones que presentaban una mayor diversidad en su organización sonora eran, de media, mejor valoradas. El estudio establece asociaciones entre varias propiedades del sonido y las evaluaciones humanas.
Las diferencias entre especies son especialmente reveladoras. El mirlo obtuvo la mejor valoración media, con 4,52 en la escala utilizada. La lechuza común se encontraba en el otro extremo, con una media de 1,32. El experimento se centró en grabaciones concretas y no en todos los sonidos posibles de cada especie.

Lechuza común (Tyto alba), especie cuyas vocalizaciones obtuvieron la nota media más baja en el experimento.
Foto: RAJIB.MTY / Wikimedia Commons.
Podría pensarse que los conocedores de las aves valoran sus cantos de manera diferente. Sin embargo, los datos no muestran un efecto significativo del nivel de experiencia en ornitología. En cambio, las personas que declaraban conceder más valor a las aves otorgaban, en general, mejores notas a las vocalizaciones. Por tanto, nuestra relación con el animal también interviene en la percepción.
Estos resultados pueden ser de interés para la gestión de los espacios verdes. Un parque rico en aves no produce necesariamente el mismo paisaje sonoro que otro que acoge especies diferentes. Los autores proponen tener en cuenta la composición acústica de las comunidades de aves, y no solo su número de especies, al estudiar la calidad sonora de un lugar.
Sin embargo, el estudio no permite convertir estas características en una receta universal para un canto agradable. Los participantes eran adultos reclutados en Alemania, y la valoración de un sonido también depende de las experiencias personales. Futuros trabajos podrán comprobar si aparecen las mismas preferencias en otras poblaciones y en entornos reales, lejos del laboratorio.