Compartir una comida con una persona cercana podría modificar la forma en que nuestro cuerpo gestiona el azúcar que llega a la sangre.
Para comprobarlo, unos investigadores compararon la reacción de participantes colocados en dos situaciones. Comían solos o en presencia de una persona con la que mantenían un vínculo cercano. La comida estaba estandarizada y era rica en carbohidratos, para que la cantidad de azúcar absorbida fuera comparable.

Una pareja comparte una comida alrededor de una mesa.
Crédito: CareScout.
Después de comer, la glucemia aumenta de forma natural. Corresponde a la cantidad de glucosa presente en la sangre. Esta glucosa procede, entre otras fuentes, de la digestión de los carbohidratos y sirve de combustible para las células. Después, el cuerpo debe devolver esta concentración a su nivel habitual.
Los investigadores constataron que este aumento era menor cuando la comida se compartía con una persona cercana. La glucemia también volvía más rápidamente a su nivel inicial. Sin embargo, el contenido del plato no había cambiado entre las dos situaciones.
El equipo no se limitó a las comidas. Otros experimentos estudiaron la reacción del cuerpo al frío y al estrés, tanto en adultos como en bebés. Una vez más, la presencia de una persona cercana se asociaba con una regulación más eficaz. El fenómeno podía aparecer incluso sin contacto físico.
Podría pensarse que el efecto se debe simplemente a un menor estrés al estar acompañado por una persona cercana. Los investigadores pusieron a prueba esta posibilidad, pero sus resultados no permiten explicarlo todo de ese modo. Por ello, proponen una idea más amplia: algunas funciones del cuerpo podrían estar influidas directamente por nuestro entorno social.
Llaman a este principio «fisiología social». En otras palabras, el cuerpo humano no siempre regularía sus parámetros de manera totalmente independiente. La cercanía de personas conocidas podría contribuir a esta regulación, ya se trate del azúcar en sangre, de la temperatura o de ciertas reacciones al estrés.
Estos resultados proceden de experimentos controlados y aún deben estudiarse en la vida cotidiana. Una próxima cuestión será determinar qué vínculos sociales producen este efecto y en qué condiciones persiste a lo largo del tiempo.