Las emisiones de metano de Siberia aumentaron fuertemente entre 2010 y 2023. Un nuevo estudio estima este aumento en 12,0 ± 1,9 millones de toneladas por año en el período, es decir, casi una duplicación. El fenómeno combina sobre todo dos motores: humedales más productivos en el oeste y más incendios en el este.
El metano retiene más calor que el dióxido de carbono durante unas décadas, pero permanece menos tiempo en la atmósfera. Seguir su evolución es, por tanto, especialmente útil para comprender el efecto climático de los rápidos cambios que afectan a las altas latitudes.

Macizo de Ergaki, montes Sayanes, Rusia.
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Para medir la tendencia siberiana, los investigadores combinaron las observaciones del satélite japonés GOSAT con estaciones terrestres y torres de medición atmosférica. Este enfoque permite estimar las emisiones a gran escala a partir de las concentraciones realmente observadas en el aire, en lugar de simplemente sumar fuentes teóricas.
El aumento medio alcanza aproximadamente 1,1 millones de toneladas adicionales de metano por año, cada año. Sin embargo, no proviene del mismo proceso en todas partes. En el oeste de Siberia, más húmedo, las temperaturas más altas y los cambios hidrológicos favorecen la producción microbiana de metano en los suelos saturados de agua.
En el este, la evolución parece más ligada a los incendios. Las condiciones más cálidas y más secas favorecen su frecuencia e intensidad, con liberaciones directas de metano durante la combustión. Esta distinción importa: todo el aumento medido no proviene, por tanto, de una desgasificación directa del permafrost en fusión.
En concreto, los autores atribuyen alrededor de 0,4 millones de toneladas de crecimiento anual a las fuentes dominantes del oeste, frente a alrededor de 0,7 millones a las del este. Las incertidumbres siguen siendo importantes, porque las emisiones naturales cambian fuertemente según el clima, el estado de los suelos y la extensión de los incendios.
El estudio también proyectó esta evolución hasta 2050 bajo un escenario de emisiones muy altas. En ese caso, el aumento de las emisiones siberianas podría anular alrededor del 20 % de las reducciones mundiales de metano de origen humano previstas para los objetivos climáticos. Esto complicaría los esfuerzos, sin borrarlos por completo.
Queda una limitación importante: vincular con precisión las emisiones observadas con la profundidad del deshielo, el agua en los suelos o el carbono liberado exige más mediciones locales. Las próximas campañas deberán, por tanto, asociar más estrechamente satélites, torres atmosféricas, datos sobre incendios y observaciones directas del permafrost.