Dos microorganismos del suelo pueden actuar juntos para ayudar a las plantas a obtener hierro. Los investigadores estudiaron un hongo, Trichoderma brevicompactum TB2, y una bacteria, Pseudomonas fluorescens PSE180.
El hierro es indispensable para la fotosíntesis y para varias reacciones celulares. Sin embargo, puede estar presente en grandes cantidades sin ser utilizable por las raíces. En un suelo calcáreo, el pH elevado mantiene parte de este hierro en formas poco solubles.

El hierro es indispensable para la fotosíntesis.
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Los investigadores comenzaron añadiendo el hongo TB2 a dos tipos de suelos. El primer suelo conservaba sus microorganismos naturales. El segundo suelo había sido esterilizado para eliminar la mayor parte de ellos. Esta comparación debía determinar si el hongo actuaba solo o con la ayuda de otros microbios presentes naturalmente en el suelo.
En el suelo natural, TB2 mejoraba en mayor medida el crecimiento de las plantas y su contenido de hierro. Su efecto disminuía en el suelo esterilizado. Este resultado indicaba que el hongo probablemente se beneficiaba de la presencia de ciertas bacterias que viven alrededor de las raíces.
El equipo analizó después el ADN bacteriano presente en esta zona, llamada rizosfera. Buscó las bacterias que se volvieron más abundantes después de la adición del hongo. Una firma genética, denominada ASV49, destacaba especialmente en las muestras tratadas.
Los investigadores aislaron varias bacterias del suelo para encontrar la que correspondía a ASV49. Una cepa de Pseudomonas fluorescens, denominada PSE180, presentaba una correspondencia genética. Entonces cultivaron esta bacteria con el hongo para comprobar su compatibilidad. Estas pruebas no mostraron ninguna inhibición importante entre los dos organismos.
Finalmente, las plantas recibieron el hongo solo, la bacteria sola o ambos juntos. La asociación ofreció los mejores resultados en cuanto a crecimiento y acumulación de hierro en las condiciones estudiadas. El hongo parece favorecer a la bacteria, que contribuye después a liberar el hierro alrededor de las raíces.
Estos ensayos se realizaron con cepas concretas y en un entorno controlado. Los investigadores aún deben comprobar su eficacia en otras plantas, en diferentes suelos y a lo largo de varias temporadas. También deberán medir la estabilidad de esta cooperación frente a las variaciones de temperatura, humedad y fertilización.