Para encontrar a un ser humano, un mosquito no depende de un solo sentido. El dióxido de carbono de nuestra respiración lo alerta a distancia; después, los olores corporales y el calor le ayudan a precisar su trayectoria. Ahora, unos investigadores demuestran que la radiación térmica le proporciona información direccional.
Todo objeto caliente emite radiación infrarroja invisible para nuestros ojos. La piel humana la produce continuamente. Esta señal no debe confundirse con el aire caliente que se desplaza alrededor del cuerpo: la radiación puede atravesar el aire y alcanzar un sensor sin transporte directo de materia.

Un mosquito alimentándose.
Imagen ilustrativa de Pixabay
Los investigadores colocaron mosquitos en un dispositivo en el que podían elegir entre diferentes zonas. Los insectos mostraban una mayor atracción por una superficie que producía una radiación infrarroja comparable a la de la piel humana, sobre todo cuando también estaban presentes dióxido de carbono y olores humanos.
El efecto funcionaba a una distancia en la que el calor transportado directamente por el aire era demasiado débil para explicar el comportamiento. Por tanto, los mosquitos disponían de información adicional antes de tocar su objetivo. Esta combinación de señales puede ayudarles a localizar a una persona incluso en la oscuridad.
A continuación, el equipo investigó el mecanismo sensorial implicado. Unas estructuras situadas en el extremo de las antenas absorben la radiación y se calientan ligeramente. Este cambio de temperatura activa proteínas sensibles al calor, transformando así la radiación infrarroja en una señal nerviosa.
Este descubrimiento demuestra que varios indicios sensoriales actúan conjuntamente. Una señal aislada puede ser ambigua: una fuente caliente no es necesariamente un animal, y un olor puede permanecer mucho tiempo en el aire. Al combinar CO₂, olores e infrarrojos, el mosquito aumenta sus posibilidades de identificar un objetivo vivo cercano.
Comprender este mecanismo podría ayudar a diseñar nuevas trampas que combinen varias señales o a perturbar la detección térmica. Los investigadores tendrán que determinar ahora hasta qué distancia este sistema sigue siendo eficaz en entornos reales, donde el viento, la ropa y otras superficies calientes modifican la información disponible.