🌕 Venus podría haber destruido y luego devorado su propia luna

Venus quizá no siempre estuvo sola: su propia luna podría haber terminado desgarrada y después absorbida por el planeta.

La Tierra y Venus tienen tamaños y masas similares, pero una diferencia salta a la vista. Nuestro planeta posee una gran luna, mientras que Venus no tiene ninguna. Además, Venus gira extremadamente despacio sobre sí misma, y su día dura más de un año.

Unos investigadores han puesto a prueba una idea sencilla que podría explicar estas observaciones: una luna pudo haberse formado alrededor de Venus y después desaparecer.

Representación artística de Venus mostrando su espesa capa de nubes iluminada por el Sol.

Representación artística de Venus mostrando su espesa capa de nubes iluminada por el Sol.
Crédito: ESO/M. Kornmesser & NASA/JPL/Caltech

Para comprender este escenario, hay que contemplar las mareas de otra manera que como un movimiento de los océanos. La gravedad de una luna deforma ligeramente su planeta, y esta deformación intercambia energía con su órbita. En la Tierra, este intercambio aleja lentamente a la Luna. Pero el resultado depende en gran medida de la velocidad de rotación del planeta.

El equipo simuló lunas de masas variadas alrededor de una Venus joven que giraba a distintas velocidades. En muchos casos, la luna empieza por alejarse. Después, la rotación de Venus se ralentiza y la situación cambia. Entonces, un límite particular se desplaza hacia el exterior hasta alcanzar la órbita del satélite.

A partir de ese momento, el movimiento puede invertirse. La luna deja de ganar altura y empieza a caer hacia Venus. Cuanto más se acerca, más diferentes se vuelven las fuerzas ejercidas entre su cara cercana y su cara lejana. Finalmente, puede desintegrarse antes de que sus restos vuelvan a caer sobre el planeta.

El resultado depende mucho de las condiciones iniciales. Con un día venusiano inicial inferior a unas 12 horas, una luna con una masa similar a la nuestra puede sobrevivir en ocasiones durante varios miles de millones de años. Por encima de unas 15 horas, algunos modelos conducen, por el contrario, a su destrucción. Una luna muy masiva también puede acelerar la ralentización de Venus y precipitar su propia caída.

Esta hipótesis es interesante porque los grandes impactos, frecuentes durante la juventud del Sistema Solar, pueden producir satélites alrededor de los planetas rocosos.

Sería difícil encontrar huellas directas después de varios miles de millones de años. Sin embargo, una destrucción masiva podría haber modificado la composición de la superficie o de la atmósfera. Las futuras mediciones de Venus podrán poner a prueba algunos efectos indirectos de este escenario, y los astrónomos también podrán investigar si los planetas que giran lentamente alrededor de otras estrellas poseen grandes lunas con menor frecuencia.